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martes, 15 de diciembre de 2020

Hallacas con Ana

Vivo en Egipto. Soy venezolana. Se acerca la Navidad. Me provoca una hallaca. Aquí no las puedo comprar hechas ni tampoco hay quien me regale una. ¿Cómo me mato el antojo? Llamo a Ana para hacer hallacas expatriadas. 



Ana llegó conmigo a Egipto hace 7 años. Es maracucha (o sea, no decora sus hallacas a la manera caraqueña, sino que ¡les pone mayonesa!) y a ella también le dan ganas de comer hallacas y escuchar gaitas después de la fiesta de La Chinita. 

No voy a incluir la receta aquí. Es muy larga y otros la demuestran muy bien. Aquí está la receta de Armando Escannone escrita y aquí un video con Sumito Estevez, donde además de explicar la receta, nos da muchos tips para su exitosa elaboración.  El video por cierto que es excelente.  (De hecho, ahora estoy enfiebrada viendo todos los videos del canal de Sumito.)

Hacer hallacas fuera de Venezuela o aún America Latina puede ser una fiesta de sustituciones:

Onoto

Se usa para aromatizar el aceite. Me lo traigo de EEUU, y por cierto, no es fácil de conseguir. Les deseo buena suerte porque el onoto contribuye mucho al sabor ese de Navidad.  

Ají dulce

Me traigo ají dulce deshidratado de Venezuela, pero si no tengo, pues no le ponemos. 

Hojas de plátano

No hay, uso papel de aluminio. Hay matas de plátano, sí, pero entonces tendríamos que cosechar las hojas, tostarlas, limpiarlas, cortarlas; es mucho trabajo. Y, me van a perdonar, aunque se pierde una dimensión de sabor, envolver las hallacas con papel de aluminio es facilísimo. 

Tomate

****Le tengo alergia. Hay mucha gente que no le pone tomate a sus hallacas porque dicen que se descomponen si se les agrega, pero Sumito sí se lo pone al guiso. Yo le agrego una salsa de tomate sin tomate. Aquí está la receta en inglés con la que yo usé primero y luego adapté a mi gusto. 

Salsa inglesa

Tiene tomate - y por cierto, gluten también. Yo hago la mía. Aquí está una receta, en inglés, sin tomate, soya ni gluten. No es la que yo uso, pero es la que conseguí en linea. La mía también se las debo. 

Encurtidos

Bueno, los encurtidos se encuentran en todas partes ya preparados, pero aquí en Egipto, a cada jarra le ponen un limón. De hecho, se pueden comprar limones encurtidos solos. A mí no me gustan. El sabor es demasiado fuerte así que yo hago encurtidos en salmuera sin limón. Los monto unos tres días antes y eso es lo que uso para las hallacas. Hay millones de recetas en Internet. Les invito a que prueben varias. La mía es otra receta que les debo.


Una característica de las hallacas caraqueñas es que se decoran. Eso significa que después de poner el guiso sobre la masa, se le agregan otros ingredientes. Estos son los decoraciones que les pongo yo. (Ana se ríe porque en Maracaibo no hacen eso.) (Por cierto que me enteré en el video de Sumito que el huevo y la papa se las ponen es en los Andes. Yo no tengo familia en los Andes. No sé de donde me salió agregárselos a las mías.)

  • huevos sancochados
  • papas sancochadas
  • pasas
  • aceitunas - por favor, si van a usar aceituna con hueso, ¡avisen a los comensales!
  • cebolla en ruedas
  • pimentón en tiritas (aunque al momento de comer la hallaca se las quito)


Tip:  El guiso y la masa deben quedar mas bien salados. Las hallacas se hierven, una vez elaboradas, y en el hervor se pierde un poco de sazón por lo que es importante que el sabor quede bien fuerte. 


Hacer hallacas es un trabajón. Ana y yo hicimos 25 en 6 horas, pero bueno sería hacer el guiso de un día para otro. En Venezuela se hacen en familia y se hacen muchas. Algunas para comer en casa y muchas para regalar.  Si le preguntan a mi hija, las 25 que salieron mas los 20 bollitos no fueron suficientes, así que ahora que la semana que viene estoy de vacaciones en EEUU voy a hacer más con mi cuñada gringa. Ella es buena cocinera, o sea que enseñarle a cocinar hallacas es buena inversión para mí, ¡muaj ja ja!

lunes, 20 de abril de 2020

Cuarentena COVID19 en Egipto

No se vé muy bien lo que tiene la pancarta. Está en árabe y en inglés: #quedateencasa

Recientemente leí un artículo en el cual hacían referencia al diario de Samuel Pepys. El fue un personaje en el Medioevo que mantuvo un diario por 10 años. Gracias a él, sabemos como era la vida cotidiana para alguien de su nivel socio-económico durante su época. Me parece que es importante que tengamos documentos, aunque sean pequeños cómo esta bitácora, que sirvan de testigo de lo que pasamos durante esta cuarentena global. Déjenme echarles el cuento de cómo ha sido hasta ahora en Egipto para una bibliotecaria venezolana que trabaja en un colegio internacional americano.

Semanas pre-cuarentena: 11 al 18 de marzo

Ya veníamos leyendo con mucho interés y algo de preocupación como otros colegios internacionales en Asia habían cerrado y estaban realizando clases a distancia. Como bibliotecaria, soy parte del comité de informática del colegio, y nosotros ya habíamos redactado un documento que montaba las bases de lo que sería nuestro programa online. 

El 11 de marzo había un pronóstico para una fuerte tormenta que azotaría al todo el país, y el ministerio de educación canceló las clases en todos los colegios y universidades. Cuando aquí llueve, se paraliza la ciudad. Para nosotros, ese día fue perfecto para practicar las clases a distancia y se lo comunicamos a los padres. 

El domingo, en vista del éxito de la práctica del jueves, cancelamos las clases presenciales hasta el 27 de marzo, con la opción de continuar si fuese necesario. Teníamos una semana hasta nuestras vacaciones de Semana Santa, y sabiendo que Egipto probablemente clausuraría los colegios, los directores del colegio prefirieron cerrar la semana antes. 

El jueves antes de nuestras vacaciones, el gobierno egipcio cerró los aeropuertos, los colegios, las universidades, restaurantes y bares, que solo abrirían para servicio a domicilio.

Semana Santa en cuarentena: 19 al 26 de marzo

En Egipto hay muchos cristianos, aunque la mayoría de la población es musulmana. La iglesia cristiana en Egipto es la iglesia copta, y data de cuando la familia del Niño Jesús viajó a Egipto para escapar de la persecución de Herodes. Es la iglesia cristiana más antigua del mundo. La iglesia copta sigue el calendario religioso ortodoxo, por lo que celebran la Semana Santa la semana después de la fecha occidental. 

Todo eso para decirles que estuvimos de vacaciones una semana del 19 al 26 de marzo. Esas vacaciones ya estaban programadas, y yo por lo menos, las necesitaba arduamente. Toda esa semana me quedé dormida como a las 7 pm y dormía corrido hasta las 6 am. Así estaría de cansada. Mi marido y mi hija durmieron casi tanto como yo. 

Pasé la semana ocupada de mi casa. Mi hermana hubiese venido esta semana pero no pudo porque cerraron el aeropuerto. Gracias a Dios no se quedó varada aquí en Egipto. Los turistas atrapados por el cierre pasaron una larga semana tratando de regresarse a casa. Como no tuvimos visitantes, y no se podía viajar fuera de la ciudad, nos quedamos en casa, aunque aquí no ha sido decretado todavía el confinamiento total. 

Cociné, hice yoga, compré un freezer y lo empecé a llenar, sacamos a pasear al perro cuatro horas al día, tejí, jugamos juegos de mesa, dormí la siesta diariamente y leí mucho. 

Tercera semana de cuarentena: 27 de marzo al 3 de abril

El 28 de marzo murió mi papá en Venezuela. No había manera de yo salir de Egipto, ni tampoco de entrar a Venezuela pues los aeropuertos allá también cerraron. Todo lo vimos a distancia. Gracias a Dios que mi mamá quedó con el enfermero, que es una persona maravillosa que los quiere mucho, y a una amiga del alma, que los llevó al cementerio y ayudó con esa triste tarea. Mi mamá queda en Caracas con su enfermero y le va bien, gracias a Dios. 

Esa semana fue la segunda de clases a distancia y los muchachos como que se dieron cuenta de que era en serio. A los maestros nos permiten ir al colegio solo para llevar a cabo labores esenciales. Todo los demás es en casa. Como la bibliotecaria, yo coordino la entrada y salida de libros para alumnos, y eso lo tengo que hacer desde el colegio. Me tardo unas dos horas diarias en eso, y luego paso el resto del día en casa, trabajando por computadora. Me gusta un poco, porque me rinde mucho el tiempo, pero tengo que alejarme a menudo de la pantalla porque los ojos no me dan. 

El gobierno egipcio estableció un toque de queda de 7 pm a 6 am. Todos los negocios que no sean automercados y de farmacias deben cerrar a las 5 pm. Los restaurantes solo pueden hacer entregas a domicilio hasta las 5 de la tarde. 

Nosotros estamos comiendo muy bien porque si algo he hecho en cuarentena es cocinar. Tengo muchas recetas que quería probar, y ya tenemos algunas que se han hecho favoritas. Todo muy consciente de mis alergías, y de tanto comer sano estoy perdiendo peso. 

Cuarta y quinta semana de cuarentena: 4 de abril al 20 de abril

El gobierno egipcio ha extendido el cierre de los aeropuertos, colegios, universidades, y restaurantes o bares. El plazo se vence el 23 de abril. El 24 de abril empieza Ramadán, y me imagino que preferirían re-abrir pues Ramadán es un mes de mucha socialización. Las familias y amistades se reunen todas las noches para comer a partir del atardecer. Será un duro golpe tener que restringir esta temporada con toque de queda y mucho más confinamiento, pero los casos siguen aumentando. 

Al 19 de marzo, estas son las estadísticas COVID en Egipto:
  • Nro de Casos positivos del Día: 188
  • Casos Fallecidos del día/total: 19/224
  • Casos Recuperados del día/total (alta médica): 55/701
  • Nro de Casos Total: 3.032
La embajada venezolana en Egipto nos envía un boletín informativo con el resumen de las noticias relacionadas a la pandemia y con las normas que ha establecido el gobierno egipcio. Las cifras que les ofrezco vienen de allí. Le agradezco mucho estos boletines, y sobre todo, que no hay saludos bolivarianos ni abrazos revolucionarios ni otras estupideces socialistas que en los últimos años de desgracia chavista han plagado comunicados de Embavenez.

Ayer fue el Domingo de Resurrección de los coptas. Hoy es Sham el Nessin, la fiesta de la primavera. Esta viene de los tiempos de los faraones. Hoy las familias salen a hacer picnic de cebollín, pescado fermentado y huevos sancochados, pero por la pandemia, el picnic será en casa. Tal vez hoy termina la tradición del pescado fermentado pues me dicen que tiene olor fortísimo. 

Ya el gobierno dijo que las universidades permanecerán cerradas hasta el 30 de abril. Estamos a la espera que nos digan que pasará con los colegios. Supuestamente sabremos el miércoles.

Hasta ahora, no lo voy a negar, he disfrutado de nuestra cuarentena egipcia. No estamos confinados, tenemos suficiente acceso a alimentos y medicinas, y nuestros días están llenos. Mi hija está obligada a compartir con nosotros y por primera vez en años, todos cenamos juntos en la mesa. Me reuno con mis amigas por Google y hago aerobics con una instructora en Zoom. Sé que la cuarentena no es una bendición para muchos y por eso agradezco aun más el regimen light que me ha tocado. 

viernes, 17 de abril de 2020

Bicicleta en el desierto

Mi marido es un aficionado de las bicicletas montañeras. Siempre le han gustado, pero es aquí en Egipto donde ha realmente profundizado su afición por el deporte. Tiene como tres años ya que va por lo menos dos veces por semana a montar bicicleta en un parque que nos queda cerca de la casa, el Wadi Degla Protectorate.

La palabra "wadi" es una palabra árabe que significa un valle, y específicamente uno formado por un río seco. En el pueblo de mi papá lo llamarían el "auto-chivo" porque es la carretera que es parte rio seco y parte senderos de animales.

Ya pasamos la temporada de lluvias, así que hoy el wadi estaba sequito. Mi marido siempre me invita  a montar bicicleta con él, y yo hasta hoy me había negado. No quería nada que ver con el esfuerzo, el polvo, el calor, las moscas, las bajadas descontroladas a toda velocidad. Bueno, sí, soy una miedosa. Hipocóndrica también, porque ya me veía con una clavícula rota o una pierna partida. Pero hoy, me decidí dejar los miedos y me fui con él tempranito.



Me fuí con una bicicleta prestada de una amiga, el casco de mi marido, la cantimplora de mi hija. Un poco nerviosa - por lo de la hipocondria y los sustos - pero resuelta a montar bicicleta por fín en el desierto.

Para llegar hay que rodar unos 10 minutos por las calles de la ciudad. Por fin llegamos al wadi, y de inmediato hay que subir un cerro para llegar a las pistas de bicicletas montañeras. Primera prueba de mis aptitudes para el deporte. Siento decir que no pasé. Me bajé de la bici y a pie la fuí empujando cerro arriba.


Este es el punto donde empieza "oficialmente" el camino. Aunque el wadi es un área protegida, en el último año ha habido bastante movimiento de tierra porque están construyendo una carretera que atravesará uno de los rincones del wadi. En la foto de arriba se ve la otra ladera del cañon y la entrada del parque. En frente esos peñascos son producto de la construcción.

El recorrido completo duró dos horas. Como a la hora ya los brazos los tenía adoloridos. Mi hija me había advertido que me iban a doler, pero no me había imaginado lo acertado de su predicción!! Es el golpe de los cauchos contra las piedras que se transmite por los manillares contra los brazos. Y ni les cuento del golpe contra el asiento. ¡Ay!



Para que vean el sendero. Por supuesto yo detrás de él, pero el iba despacio para quedarse conmigo. Eso es amor. Las dos horas que pasamos, él lo hubiese hecho solo en 30 minutos.

Al final por fin llegamos a este punto, que llaman La Catarata, y ahí nos sentamos en un banquito a descansar. Supuestamente cuando llueve, se forma una catarata de verdad, pero eso no lo voy a ver yo en persona. Me conformo con las fotos. 

Hablando de fotos, aquí una cuenta de Instagram con fotos de uno de los compañeros de bicicleta de mi marido: @cyclingcairo. Muy recomendada la cuenta. 


Esta última foto de abajo fue la última vez que sonreí. De ahí todo fue en bajada. Espeluznante para mí, como si nada para mi marido. Lo bueno es que ni me caí ni lloré, aunque estuve cerca un par de veces de ambos. 


Llegué a mi casa con la lengua afuera, completamente exhausta. Mi hija se rió de mí y me dijo que estaba caminando como una anciana. Inmediatamente me invitó a pasear con el perro. "Vamos despacito," me dijo, riéndose. La verdad que caminar me hizo bien, para mantenerme en movimiento y para usarlo como rutina de enfriamento. 

Regresaré al wadi. Pero no sé si será mañana. 

Actualización del 19 de marzo:  
Fuí otra vez ayer. Con mis brazos y mi asiento adoloridos, pero queriendo intentar de nuevo a ver si lograba que me gustara.  

Pues no. El segundo intento me demostró que eso de la bicicleta de montaña no es conmigo. No es tanto la falta de fuerza física, sino que es demasiado estresante. No termino de imaginarme todos los finales infelices que podría tener. Mejor dejo que el hombre vaya con sus amigos expertos y yo me quedo en casa haciendo yoga. 

lunes, 18 de mayo de 2015

El jámam y el jamaám

El colegio donde trabajo en Egipto nos ofrece clases de árabe para aliviarnos las dificultades linguísticas a los maestros extranjeros. La profesora, Maysa, es un amor y su clase es muy divertida. Cuando estudio y hago mi tarea, se me hace fácil pero aún cuando no he estudiado, Maysa se esmera tanto que se nos hace fácil también.

Para celebrar el fin de curso, Maysa nos llevó a un restaurante en el centro de la ciudad. Llamarlo restaurante es mucho. Es un cocina abierta, con mesas en un pasillo entre dos edificios, pero es famoso por servir el mejor pichón asado de todo el Cairo. Comer pichón es una delicadez culinaria egipcia que ya no se consigue en todas partes, por lo cual ella tenía muchas ganas de compartir con nosotros sus alumnos.

En árabe, a los pichones (y a las palomas) se les dice "jamaám." Al baño, se le dice "jámmam." ¿Se fijaron en la doble m del baño? Si se fijaron, felicitaciones. A mí se me hace dificilísimo diferenciar. Antes de ir al restaurante, Maysa pasó una clase entera explicando la diferencia entre las dos palabras, pero en vano.

Para llegar al restaurantucho, nos montamos en metro y luego caminamos unas cuatro cuadras pues la estación que quedaba más cerca estaba cerrada. Es la estación de la Plaza Tahrir, y siempre la cierran cuando el gobierno cree que habrá protestas. Justamente el sábado sentenciaron a muerte al expresidente Morsi y había rumores de que habría manifestaciones, ergo, estación de metro cerrada.

Por fín llegamos y Maysa nos aseguró de nuevo que a pesar de la mala facha, la comida era buena y sana. Antes de sentarnos, yo escuché que ella le preguntó al mesonero, ¿Fi il jamaám? (¿Hay pichón?) El mesonero respondió en negativo y le dió instrucciones a Maysa para otro restaurante donde sí habría. Ella salió del lugar y nosotros salimos tras ella. Entre todos eramos doce, y en fila los doce la seguimos.

El nuevo restaurante era al doblar la esquina. Maysa se mostró sorprendida de vernos todos tras ella pero nos indicó el baño. Los que no necesitábamos el baño entramos al salón principal del otro restaurante y dirigimos a los mesoneros a arrimar suficientes mesas para sentarnos a los 12. Pasaron como cinco minutos antes de que Maysa regresara muerta de la risa, pues por fin había entendido porque la seguimos. En lugar de preguntar si había pichón, ella había preguntado si había baño. Pichón sí había en el primer lugar, y muy rico también.

Aquí mis pichones, riquísimos. Como son tan pequeños me sirvieron tres, y en realidad hubiese comido tres más. Ahora a aprender a pedirlos así, asados sin nada. Me imagino que dentro de un año podré pedirlos sin que suene que esté pidiendo ir al baño.






viernes, 12 de diciembre de 2014

Turisteando

El fin de semana pasado salí a pasear de turista. Tuvimos un autor de libros infantiles en el colegio la semana anterior y a mí me tocó entretenerlo el último día de su visita. Contratamos a un guía y un chofer y salimos a pasear.

Fue una mañana faraónica y cópta. La fase faraónica fue visitando las pirámides. Comenzamos con la pirámide de Saqqara, que fue el primer intento de fabricar una estructura piramidal. Es escalonada como las pirámides centroamericanas. Según el guía, Saqqara fue la primera pirámide y mas bien un experimento.

El camello es para los turistas, por supuesto, pero sale bien en las fotos. ¿Ven los andamios? También los hay del lado derecho. No sé que pretenden hacer con ellos. No es que van a poder restaurar los ladrillos milenarios. Se están disolviendo con la contaminación. 

Después de Saqqara fuimos a la pirámide de Teti, un funcionario faraónico que vivió hace 4000 años. Ese montón de tierra es su pirámide. Descendimos a su tumba, y redescubrí mi claustrofobia. Lo mejor de ver la tumba fué poder subir a la superficie. 



En la tumba de Tetti hay muchos hieroglifos hermosos y en excelente condición. 




 Para completar nuestro tour faraónico, visitamos la Gran Pirámide y a la Esfinge por supuesto, pero no eramos los únicos.




Vimos muchos muchos turistas, y la mayoría de ellos eran egipcios. El turismo internacional ha bajado muchísimo y las proyecciones no son muy alentadoras. Mientras tanto, los egipcios disfrutan de su país y sus bellezas. 

La segunda fase de la mañana fue a visitar al Cairo cristiano, pero eso es cuento para otro día. 

Más fotos de la mañana en mi cuenta flickr. 




sábado, 8 de noviembre de 2014

Hora de hervido

Las temperaturas están bajando en Egipto. Todos se quejan del frío. Cualquiera pensaría que estamos en Antártida de tanto que se quejan. Me imagino que en un año a mí también se me habrá diluido la sangre y estaré titiritando en octubre, pero por los momentos lo que me da es asombro que ya sientan frío cuando yo finalmente encuentro el clima agradable.

Con el "frio" me ha provocado mucho tomar sopa. El fin de semana pasado nos invitaron a una fiesta de Halloween y nos ofrecieron chili con carne. Por supuesto yo no lo pude probar (le tengo alergia al tomate) por lo que se me despertó el apetito por las sopas, los caldos, sancochos y demás platos que se comen con cuchara.

Me gusta hacer hervido. Me gusta sacar mi recetario de Scannone que compré hace 20 años en la librería del CCCT. Me gusta preparar el caldo primero, colarlo, lavar la olla y volverla a montar con el caldo y las verduras. Me gusta que se tarda horas en preparar. Me gusta ajustar la receta para localizarla. En China usaba ocumo y otras raíces que no sé como se llaman en chino, inglés o español pero que seleccionaba en el mercado apuntando con el dedo. Me gusta hacer el sofrito, ahora sin tomate y sin pimentón, pero igual con sabor. Me gusta agregarle el cilantro y la yerba buena al final. Me gusta ese primer sorbo, cuando se me llena la boca de caldo y la nariz de vapor. ¿Ven? Me gusto todo.


Recuerdo con nostalgia los mercados de vegetales en China, donde hay tantas variedades de tantas cosas. Una de mis vendedoras favoritas separaba las hojas de espinaca en pequeñas, medianas, grandes, más grandes y gigantes. Y eso era nada más la espinaca. Ni hablar de todas las variedades de col que nunca aprendí a nombrar. Aquí hay lechuga, repollo, y espinaca. Un montoncito de cada una y ya.



Con la escasez de verduras, mi hervido tuvo nabo, zanahoria, auyama y batata. Me dicen que habrá yuca cuando llegue el invierno. (Que me imagino empezará cuando baje la temperatura 3 grados más.) No puedo comer papas, y el hervido me quedó un poco dulce. Para corregirlo, le puse un chorrito de limón y un poco más sal de la que normalmente le agrego. Me lo comí de desayuno frente a la ventana para sentir el fresco de la mañana y hacerme la idea que de verdad viene invierno y la temporada de hervido.

lunes, 27 de octubre de 2014

Choque cultural

El choque cultural es el proceso de adaptación que uno atraviesa al encontrarse en un nuevo entorno social, especialmente al mudarse de un país a otro.

Hay cuatro etapas del choque cultural (culture shock).

La primera es la luna de miel, cuando todo es maravilloso y nuevo y bonito. Esa etapa ya la pasamos. Se evaporó en el calorón de agosto, el mosquero increíble y los problemas interminables de Internet (que siguen sin resolver por completo todavía.)

La segunda etapa es una de negociación. Ahora las diferencias entre la situación nueva y la anterior son más aparentes, y ya no son causa de deleite. Uno desea regresar a casa. En mi caso, regreso a casa significa regreso a China, a mi maxi biblioteca, a donde me sé manejar, donde puedo hablar el idioma, aunque sea machacado, y hacerme entender. Nos hace falta la ayee, nuestro apartamento, las tiendas, los amigos y colegas, ¡hasta el chofer!

La tercera etapa es una de ajuste. En ésta etapa uno se va asimilando a la nueva cultura, ya uno tiene rutinas establecidas y un círculo de amistades. Sabes donde ir a comprar pan y a quien pedir ayuda. Según 2Vancouver, un bufete de abogados de inmigración en Canadá, en ésta etapa uno comienza a "asumir los hábitos y odios" de la gente del nuevo lugar. Esa etapa ocurre después de los primeros seis meses. Todavía no llego a esa etapa.

La última etapa es la etapa del dominio. Uno ya sabe manejarse, entiende, habla, y en fín, uno se siente en casa en el nuevo lugar. Llegar a ésta etapa puede tardar varios años y es posible que uno nunca se asimile por completo. Ahí estábamos en China, pero si volvieramos ahora, probablemente tendríamos que pasar por ésto otra vez, comparando la nueva vida en China con la que acabamos de dejar. Mejor quedarnos en Egipto por los momentos. (¿Será que ya estoy entrando en la etapa de la negociación?)

Encontré un artículo interesante sobre el culture shock en un excelente blog para expatriados e inmigrantes. En este artículo, el autor señala que la gente no pasa por las cuatro etapas en una línea directa como podría sugerir el modelo. De hecho, creo que si yo fuese a dibujar la trayectoria de mi culture shock, mi línea terminaría siendo un espiral. En este momento el espiral anda en bajada, pero quien sabe, tal vez en el futuro - ojalá no muy lejano - la espiral apunte hacia arriba.
Ver la versión original de éste perfil en el blog de su autora, Allison McCue

Adaptado de un perfil por Allison McCue, publicado en ourlifeinaarhus.wordpress.org.


Aclaratoria: No tengo calificación alguna en psicología. Este perfil refleja solamente mis sentimientos de nostalgia y desplazamiento en éstos momentos, a los tres meses de mudarnos a Egipto tras 13 años en China. El perfil que comparto es más garabato que modelo de asimilación, pero así es como me siento.



jueves, 9 de octubre de 2014

Mejor que sea Jacques Costeau

Aprendí a bucear hace 18 años, cuando vivimos la primera vez en Egipto. Hasta el momento de la verdad todo me fue bien. Las prácticas en la piscina, la teoría con las tablas de profundidad, toda la parafernalia, chévere. Todo bien hasta que nos sumergimos de verdad.

Nos fuimos a bucear en barco. El curso incluía dos días y una noche en un barco sobre el Mar Rojo. Navegar hasta el sitio donde anclamos fue bellísimo. Salimos del puerto con el canto del muezzin como despedida y luego pasamos dos días rodeados por el mar, bordeando los cerros del Sinai.

Todo iba bien hasta que en la última práctica me tocó quitarme la máscara para demostrar que podía vaciarla bajo el agua. Pues me dio pánico y tuve que subir a la superficie. El instructor no quedó muy impresionado, pero igual bajamos luego a ver un barco hundido de la II Guerra Mundial, el Thistlegorm. De haber sido yo la instructora, me hubiese dado cuenta de que yo sería pésima alumna, pero creo que al instructor le gustaba mucho bucear y no podía ni imaginarse mi incomodidad.

Muy interesante el barco, pero como nosotros éramos principiantes no pudimos bajar con los mas avanzados, y nos tocó verlo desde arriba. De lejos vimos tres peces gigantes y creímos que eran tiburones. El instructor después se rió de nosotros. ¡Eran atunes! Válgame que son grandes esos bichos No recuerdo mucho más de la buceada; yo lo que quería era salir de allí. Fue la última vez que fui a bucear. Ahora sé que para encuentros marinos, los prefiero por medio de un documental de Jacques Costeau.

Pues, adelantemos 18 años. A mi marido sí le gusta bucear y mi hijo está aprendiendo. Esta semana de vacaciones estamos en el Mar Rojo de nuevo para que ellos vayan a bucear. Andreína y yo nos quedamos en la orilla. Aquí el arrecife llega hasta la playa y podemos entrar con máscara y esnórquel. Hay mucho coral muerto, pero está en recuperación pues el resort obviamente se ha dado cuenta que cuidar el coral es también cuidar los dólares del turismo, o más bien, los euros porque aquí los que vienen son los europeos.

Tengo una bolsa impermeable para el teléfono y pensé que sería perfecta para tomar fotos de los peces y el coral, pero en primer lugar, hay muuuuuchos peces y no le tienen miedo a los humanos y se acercan demasiado, y en segundo lugar, son peces y se mueven rapidísimo. Casi todas las fotos me salieron movidas. Ahora le tengo aun más respeto a Jacques Costeau y los fotógrafos marinos.

En el cuadrado inferior de la derecha se ve la pierna de Andreína.  Le estaba tratando de tomar la foto, pero ni ella ni yo nos podíamos mantener inmóviles. El collage con PicMonkey.com. 







martes, 7 de octubre de 2014

La Fiesta del Cordero

Estamos de vacaciones. El sábado fue la Fiesta del Cordero, Eid al-Adha y nos tocó una semana completa, muy merecida.

La Fiesta del Cordero commemora la historia bíblica de Abraham y su hijo en Génesis 22. Dios le dijo a Abraham que para demostrar su obediencia tenía que sacrificar a su hijo, y Abraham tenía el cuchillo al cuello de su hijo cuando se le apareció un ángel a decirle que no era necesario, que Dios había visto que Abraham lo obedecería, y que era suficiente sacrificar su cordero. La diferencia entre la historia cristiana y la musulmana es en el nombre del hijo. La Biblia lo llama Isaac y el Korán lo llama Ismael.

Nunca me gustó esa historia. Siempre me pareció cruel, y ahora que soy mamá aun más. Me imagino la angustia de Abraham y la incomprensión de Isaac, aun después de ser perdonado. Aún así, no voy a rechazar una semana de vacaciones

Nos dicen que el día del sacrificio mejor no salir. Los corderos - y chivos, terneros y hasta camellos - son degollados en la calle y corre la sangre como un río. Yo recuerdo que hace 18 años cuando vivíamos aquí, los vecinos tenían los animales en sus balcones o atados en el garaje. Este año no los ví, pero tal vez es que vivimos entre más extranjeros.

Mi maestra de árabe me dijo que después de sacrificar el cordero, se separa la carne en tres partes, pero solo recuerdo dos de las partes: la parte para la casa y la parte para los pobres. (Tal vez la tercera parte es para el carnicero, no recuerdo.) El carnicero prepara la parte para los pobres en paquetes de a kilo o kilo y medio, y ella sale en persona a repartirlo. Le da carne al conserje de su edificio y a la señora que le limpia. Me dice que ella tiene una lista de gente pobre a quien le da carne, y que si le sobra, sale a buscar mendigos. Le pregunté si le da carne a la mezquita para que los religiosos ahí repartan o a alguna organización de caridad y me dijo que tal vez habrá gente que lo haga, pero que ella no conoce a nadie que lo despersonalice así.

La Fiesta del Cordero también es el último día del Hajj, la perenigración anual a Mecca. Los musulmanes deben viajar a Meca por lo menos una vez en su vida, y es mejor que sea en ésta época. Después de viajar a Meca tienen derecho de vestirse de blanco y agregarse el título de Hajji.

Mientras tanto, nosotros en una playa del Mar Rojo. En la foto al fondo se ven montañas como las que fueron testigo a la historia del sacrificio de Abraham e Isaac.


martes, 2 de septiembre de 2014

Un mes entero

El domingo fue primero de septiembre y se cumplió exactamente un mes de nuestra llegada a Egipto.

Hemos pasado el mes entero aclimatizándonos
  • al calor seco del desierto
  • al sol inclemente - no veremos llover hasta abril, y eso si Alá quiere
  • al nuevo colegio y la manera de hacer las cosas aquí
  • a la extrema lentitud del Internet
  • a los apagones diarios - la demanda por electricidad es mucho superior a la capacidad productiva de la industría eléctrica del país
  • a que mi hijo tiene 15 años y un círculo de amigos con el que sale sin nosotros
La venida a Egipto ha sido un regreso triunfal después de 18 años, por lo que hemos pasado el mes entero redescubriendo. Cada otro paso es un recuerdo y un ¡así era antes!
  • el lento pasar de la vida - aquí nadie se apura para nada, todo es bukra, inshala (mañana si Dios quiere)
  • los rincones de nuestra vida anterior
    • el restaurante chino donde era el único lugar donde cocinaban bien los vegetales
    • el puesto donde nos estacionábamos cuando llegábamos a la avenida principal
    • el mercado de frutas de esa misma esquina
    • el centro CSA, donde ofrecían clases de árabe, una mini-biblioteca y un gimnasio
    • el muelle donde se tomaban las falúas para navegar sobre el Nilo
    • la calle donde vivíamos, casi irreconocible por el verdor que la rodea
    • la estación del Metro, idéntica, como si estuviese atrapada en ámbar: los mismos escalones, las mismas taquillas, los mismos andenes y definitivamente los mismísimos vagones
  • la comida egipcia: el koshari, las sambusas, el shawarma, los dátiles (Scott los redescubre porque con mis alergías sólo puedo disfrutar de los dátiles)
  • la luz dorada que debe ser combinación de la refracción del aire contaminado y miles de años de arena polvorienta
  • el canto del muecín que nos despierta de madrugada y que despide el día cuando se esconde el sol
Hemos pasado el mes entero asombrados de todo lo que cabe dentro de éste primer mes.

P.D. Sin foto por la nombrada lentitud del Internet.

Actualización del 3 de septiembre. Ahora sí fotos, aunque malosas, porque estoy en el colegio  y aquí el Internet funciona mejor. Estos son dos rincones nuevos para nosotros, pero con el mismo aire lento que recordamos de hace 18 años.




lunes, 11 de agosto de 2014

Ahora sí, ¡llegamos!

Mi última entrada la escribí en New Hampshire, apurada porque quería dejar constancia del verano y de mi estado mental. Ahora escribo desde nuestro nuevo hogar en el vecindario de Maadi, en Cairo. Llegamos el 1ro de agosto pero me he tardado hasta hoy en sentirme que llegué y que estoy lista para ésta nueva etapa.

Nuestro apartamento es grande y amoblado con buen gusto. (Uno no siempre puede contar con el buen gusto de los propietarios de un apartamento alquilado, pero esta vez tuvimos suerte.) Hay cuatro habitaciones o sea que los niños tienen cada uno su cuarto. Anoche por fín pude terminar de vaciar la habitación de Andreína donde la compañía de flete depositó nuestras 70 cajas que envíamos de China, y ella por fín durmió en su cama. No le gustó donde la primera habitación que será la oficina-gimnasio de Scott, y estaba durmiendo en el sofá. Nada más con eso ya me siento como que no estamos de transeúntes.

El colegio nos queda en la esquina. Me encanta estar tan cerca. Facilísimo regresar a casa si se me olvidó algo - y si me conocen saben que no es cuestión de si se me olvidó algo al salir en la mañana sino cuantas cosas fueron las que se me olvidaron. Tenemos un abasto en frente de la casa y otro a una cuadra. El automercadito que más me gusta me queda a dos cuadras largas pero es el más limpio y surtido. El de enfrente es el más caro y oscuro de los tres, pero obviamente el más conveniente. Tenemos un par de restaurantes al doblar y varios más a dos cuadras. O sea que todo muy cercano y fácil.

Durante la semana de orientación, Michael conoció a varios otros muchachos de 9no grado y está muy contento. Andreína desafortunadamente no tuvo a ninguna hembra de su edad, pero el fin de semana fue a montar caballos y está más feliz ahora. Mañana es el día de la orientación para todos los alumnos nuevos y tenemos la esperanza de que conocerá más niñas para que el primer día de la escuela media no sea tan intimidante.

Mi biblioteca es pequeña en comparación a mi biblioteca en Tianjin, pero creo que estaré a gusto. La directora de la primaria tiene muchos proyectos y se me contagia su emoción. Eso sí, después de dos semanas de preparaciones, ¡¡ya estoy lista para que conocer a los alumnos!!

Para celebrar el final de la orientación a los nuevos maestros, el colegio nos llevó de paseo en falca. Las falucas, o falúas, son botes tradicionales del Medio Oriente. Son barcos largos de río, con velas latinas. Ahora se utilizan más que nada para el turismo, pero antes eran la embarcación que movilizaban el Nilo.

Ahora que estamos más ubicados en nuestro nuevo hogar, estamos más listos a navegar por el Cairo así como las falucas navegan el Nilo.

Felucca on the Nile
Nos llevaron a todos los nuevos para un paseo de una hora al atardecer. 

Felucca man
Este capitán se dejó tomar la foto y hasta posó. 

Felucca on the Nile
El Nilo inmemorial, las falucas y el Cairo moderno

martes, 10 de diciembre de 2013

Ahora sí nos vamos

Titulo alternativo: Del Lejano Oriente al Medio Oriente todavía es medio lejano

Pues ahora sí, es oficial. Nos vamos. Conseguimos trabajo en Egipto, en Cairo American College, un colegio internacional de primera clase.

Chefrem's Pyramid
Foto de  Dorli Photography via Flickr.com
Nosotros vivimos en Egipto hace 17 años. El colegio donde trabajábamos no era éste donde trabajaremos, sino más bien uno pésimo, con fines de lucro y sin deseo alguno de educar. Era caótico. La cosa era tan mala que a la hora del recreo, yo salía a pasear por el medio de donde los alumnos de la secundaria jugaban fútbol con la esperanza de que me dieran un pelotazo y con eso tener excusa para no regresar al salón.

El colegio era horrible, pero vivir en Cairo fue una aventura maravillosa. Viajábamos con frecuencia al Mar Rojo y a otros países en la región, participamos en la liga de softból y el coro de aficionados, conocimos muchísima gente súper interesante, y visitamos cuanto templo antiguo y moderno pudimos. Ahora que vamos a regresar a trabajar en el mejor colegio de la ciudad estamos muy emocionados de volver.

Sí, hay problemas en la región. Sí, hay disturbios. Pero, ¿dónde no hay problemas? De la China nos vamos huyendo de la temible contaminación y las restricciones del Internet. Cada lugar tiene sus problemas; vivir es lucha.

Todavía nos quedan 7 meses en China. Voy a sacarles el jugo porque lo más seguro es pasará mucho tiempo antes de que regresemos. Dejaremos muchos amigos y muchos recuerdos, y sobre todo muchas gracias por todas las maravillas que nos brindaron aquí.