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sábado, 28 de marzo de 2020

Que en paz descanses, Papi

Ayer marzo 28 murió mi papá, Daniel José Crespo Morales. Tenía 97 años. Deja a su viuda Maritza, de un matrimonio de 55 años, una hija en Egipto, otra en Miami, y un hijo en Vietnam.



Mi papá nació el 21 de julio de 1923 en un pueblito llamado El Hato, cerca de otro pueblo un poco más grande llamado Baragua. Fue el 13r hijo de mi abuela Senobia, y por ser el último fue criado más bien por mi tía Selsa, la mayor.

Cuando yo conocí a Baragua tendría unos seis años, o por lo menos desde ese entonces es mi primer recuerdo. Si quieren imaginar el pueblo, lean Cien Años de Soledad. La descripción de Macondo se le acerca mucho. Es fácil imaginar la emoción por la llegada del hielo al pueblo.

Para cuando nació mi papá, ya su familia estaba en condiciones económicas tales que no le tocó trabajar como a sus hermanos mayores. El podía dedicarse a estudiar. Baragua nada más tenía una escuelita que llegaba al tercer grado, así que repitió el tercer grado tres veces hasta poder tener edad de ir al liceo que empezaba en sexto grado y que quedaba en otro pueblo más grande.

Recuerdo que mi papá me contaba que había pocos libros en el pueblo, y que todos se los prestaban entre ellos. Me habló de leer Socrates y Platón. Me lo imagino en tercer grado, leyendo aquello, ja ja.

Mi papá era alegre y ocurrente. Le gustaba echar chistes con la gente, aun cuando por hablar tan rápido no se le entendía nada. Una vez, se fue con mi mamá a EEUU donde ella pasó seis meses terminando el doctorado y nosotros nos quedamos. ¡Al regresar no le entendíamos nada nadita! Habíamos perdido el traductor papá-español y nos tardamos como una semana para recuperarlo.

El fue visitante frecuente de ésta bitácora. Varias de las entradas con mas comentarios y vistas son entradas donde aparece él. 

Ahora mi papá se fue, a alegrar el cielo y a jugar dominó con San Pedro. Y también a sentarse a esperar a mi mamá, su gran amor.

No le gustaba sonreir en las fotos. Aquí sonríe obligado para complacerme a mí en mi último viaje a Venezuela. 

jueves, 30 de junio de 2016

De regreso

Este año regresamos en abril a China y en junio a Venezuela y a Cape Cod. Hoy, casi julio, regreso a ésta bitácora con dos entradas, ésta que leen y una muy atrasada, ¡del 2011! (y que ahora no encuentro.)

Regreso a China
Acompañanada de mis hijos, viajé a China en abril por una semana, para las vacaciones de Semana Santa. Como las vacaciones de este colegio coincidieron con las vacaciones del colegio en China, no logramos encontrarnos con todos los amigos, ni visitar mi biblioteca, pero todo lo demás fue un rico paseo por el pasado. Nos recibieron con tanto, tanto cariño y nos dimos gusto con todo lo que nos había hecho falta, que por fin se nos pasó la nostalgia que llevábamos pegada desde que nos mudamos a Egipto y nos dimos cuenta de que no era China. Uds. se reirán porque es obvio, pero en realidad, después de 13 años en China, mudarnos a un país diferente nos pegó más de lo que esperábamos. 

Con un par de amigas chinas en nuestro Starbucks favorito. 

Un paisaje muy de Tianjin. Con la contaminación el cielo es gris y casi no se ve la Torre de Tianjin (Tianjin Da Shá), pero allá al final del canal está. 
Durante esa semana, mis hijos se reunieron con sus amigos, pasearon por toda la ciudad y se deleitaron con todas las comidas que no se consiguen fuera de China: los tallarines, el puerco agri dulce, las empanaditas chinas, y los refrescos japoneses. Comimos en todos nuestros restaurantes favoritos: el mexicano, el alemán, el de la olla mongolesa, el japonés, el de los pinchos. Lo único que les faltó fue comer en Kentucky Fried Chicken, que según mis hijos, es completamente diferente en sabor - y mejor - que el KFC en cualquier otra parte del mundo. 

Pasaron la semana entera estirpadas de la risa, de la alegría de estar reunidas. 
A mí también me tocó pasear mucho con las amigas. Cuando nos fuímos, después de 13 años, no nos sacaron tanta fiesta. De hecho, me sentí poco apreciada. Uno no es profeta en su tierra, por lo que fue doblemente sabroso el cariño con que nos recibieron a todos. Como si fuera poco, la bibliotecaria que me siguió no fue tan buena y ya se va. Tal vez será poco modesto de mi parte, pero me encantó saber que le hice falta en lo profesional tanto como lo personal. 

A la entrada del mercado antiguo, un paseo bello que le recomiendo a todos los que visitan Tianjin.

Regreso a Venezuela
Mi papá cumple 90 años en julio así que teníamos que ir a visitarlo. Me llevé a Michaelito sólo. Andreína se quedó en Egipto la semana adicional que Scott tuvo que quedarse por ser director de atletismo, y se rehusó venir a Venezuela cuando se dio cuenta que llegaríamos a EEUU dos días después de Scott. A ella la estaba esperando un cachorrito que le regaló su abuela Ginny. 

Michael tenía 13 años que no viajaba a Venezuela, y nos encantó la reacción de los que lo conocieron de niñito. ¡Es que está altísimo!

Michaelito con su abuelo Daniel

Llegamos a casa de mi amiga Lidia y nuevamente ahí nos recibieron súper bien ella y su mamá. Encontré a mis papás bien, cuidados por mi hermano que vive en Margarita. Están en buena salud y buenos ánimos, lidiando como todos los venezolanos con la situación del país, pero bien dentro de todo. Tengo muchas fotos que montar un día pronto. ¡Se las debo!

Esta foto nos la tomamos en Hannsi en el Hatillo. 

Y por supuesto, no faltó la reunión con los amigos. Lástima que fue un viaje relámpago y no logré a ver a todos, pero me encantó conseguirnos con ésta muestra. Pasamos una tarde muy alegre en la librería Kalathos (que por cierto es una maravilla de librería. ¡Se las recomiendo!)

Amigos del Orfeón USB y la Sra Lourdes, mamá de mi amiga Lidia
Regreso a la playa
Y ahora estoy en la playa, en Cape Cod. Este año venimos solos, Scott y yo. Andreína se quedó con su tía en New Hampshire. La tía tiene caballos y Andreína es apasionada de todo lo ecuestre. Se va a quedar en NH hasta diciembre, estudiando en el colegio público del pueblo. Ya va a ver lo que es vivir en EEUU. Sólo conoce el país de vacaciones. Michael se quedó con la abuela Ginny. A él no le gusta la playa, y cuadró con la abuela para que le consiguiera empleo en el pueblo de ella y así quedarse en el apartamento para visitas que ella tiene sobre su garaje. Trabaja en un restaurante de lavaplatos. Le pagan 8.25 dólares la hora, que no es nada en EEUU pero no tiene gastos sino una abuela que lo consiente. 

A Scott y a mí sí nos gusta nuestra vida playera. El trabaja como salvavidas y yo soy ama de casa. Este año como no tenemos a los chamos, compartimos una casa con tres otros salvavidas. Es una casa enorme con vista al mar y muy cómoda. Lo único que nos falta son nuestros hijos, pero estamos practicando para cuando sean grandes y ya no vivan con nosotros. 



Aquí los dejo, esperando regresar a ésta bitácora nuevamente. En Venezuela me reclamaron varios lectores que la tenía tan descuidada. A ver si logro mantener la inspiración. 









viernes, 6 de marzo de 2015

Rompecabezas

Mi papa es muy aficionado a los rompecabezas. Cada Navidad empieza uno nuevo. Una vez fue uno de 30 mil piezas. Se tardó tres meses y lo enmarcó al final. No recuerdo cual era la imagen, pero las cifras - 30 mil piezas, 3 meses - son inolvidables. 

A mí también me gustan pero tenía tiempo que no armaba uno. En la biblioteca de la secundaria siempre tienen uno para que cualquiera que pase calce unas piezas y mi hija se envició por un tiempo. Recientemente abandonaron uno de esos por ser muy difícil y me lo traje a casa. 


Me tardé dos semanas y lo disfrute mucho por lo que ahora comencé con uno que le había dado de regalo de Navidad a Andreína pensando continuar la tradición. Ella lo miró, le gustaron el par de lobos de la imagen pero no se ha apurado en abrirlo, así que lo emprendo en solitario. 


Este sí se ve peludo (no porque se trata de unos lobos sino porque en venezolano peludo significa difícil.) Nada mas el marco me tardo la mañana entera. Aquí voy a pasar otras dos semanas en comunión virtual con mi papa. No me quejo. ¡A tu salud, papi!

martes, 8 de julio de 2014

Cuatro recetas para plátanos

Cuando estoy en EEUU aprovecho a comer plátano. En China no lo conseguía, y me imagino que en Egipto tampoco habrá. Gracias a la comunidad jamaiquina en Provincetown, encuentro plátanos en el automercado de aquí. A mi marido le gustan, a mis hijos no tanto. Mejor, más para mí.

Hace muchos años en Caracas, tomé clases de cocina en La Era de Acuario, un restaurante vegetariano y macrobiótico. En una de las clases, la nieta de la chef entró a la cocina y ella le dio unas bolitas de plátano para que merendara. No fue uno de los platos que aprendimos en el curso, pero la chef nos explicó como hacerlas, súper fácil. Hoy los recordé y los preparé con cocó en lugar de las semillas de ajonjolí que ella usó.

Bolitas de plátano y coco

   1 plátano maduro

   agua en una olla hasta el primer nudillo del dedo gordo

   azúcar o endulzante al gusto (azúcar no es paleo, pero si no tienen problemas con la comida no importa.)

    1/4 a 1/2 taza de coco rallado sin endulzar

1. Se mezcla el azucar (yo usé sirope de maple porque es lo que tenía) con el agua y se pone a hervir.

2. Se pela el plátano y se corta en rodajas que se agregan al agua.

3. Sancochar hasta que las rodajas estén suavecitas.

4. Se vierte el agua y se trituran el plátano para formar un puré.

5. Se forman bolitas con el puré y se pasan por el coco rallado.


El puré estará caliente pero tampoco tanto que no se puede manipular. Me imagino que se podría esperar un poco, pero yo tenía mucho antojo de merendar con el plátano.

Aquí una foto maluca de las bolitas. Es dentro de la casa camper una noche que estaba lloviendo, o sea, una foto horrible.


Las bolitas quedaron ricas, sin estar demasiado dulces, así como le gustan a mi papá así que lo llamé para contarle. Me contestó mi mamá, que me pasó ésta receta de algo que ella llama maniú o mañu. Ella me corregirá en los comentarios. Creo que es algo que aprendió en República Dominicana.

Mañú de Maritza

   2 tazas de puré de plátano (preparado como en la receta anterior pero sin azúcar)

   rodajas de jamón y queso blanco al gusto

   cebolla morada, en rodaja y cocidas hasta suavizar

   sal al gusto

1. Se mezcla todo, hasta que se derrita el queso. 


Ya. Fue una receta corta, por teléfono. Como estoy evitando los lácteos se me ocurre que lo podría hacer con tocineta y cebolla, y tal vez espinaca cocida. Hmmmm. A experimentar.

Después de hablar con mi mamá, me pasó a mi papá, que también tenía una receta para mí, aún más cortica.

Plátanos en el microondas a lo Daniel Crespo

1 platano, pelado y en trozos

1 microondas

1. Cocinar el plátano en el microondas, pelado y en trozos, por 2 minutos. Disfrutar caliente cuidando que el paladar no se queme. (Esta última advertencia la agrego para alargar un poquito la receta porque de veras, más corta no podría ser.)


Casualmente cuando estaba redactando ésta entrada, encontré ésta receta para panquecas de plátano por una compañera del Orfeón de la USB. Tiene una bitácora dedicada a las recetas paleo y sin glúten. Ella no tiene problema con los huevos, así que para yo hacerla, reemplazo el huevo con una cucharada de semillas de linaza molidas con 1/4 de taza de agua tibia.

El único problema con las panquecas cuando yo las hice fue que no tenía la receta a la mano, y la hice con los ingredientes que recordaba: plátanos y linaza, o sea que en lugar de tener panquecas, me salieron como croquetas. Muy ricas también aunque tenía un hambre galopante cuando las hice así que me hubiesen sabido a gloria no importa como salieran. Tanta hambre que se me olvidó tomarles fotos antes de comer.

Croquetas de plátano 

   1 platano maduro - mientras más maduro mejor
   1 cucharada de semilllas de linaza molidas en 1/4 de agua tibia, ligeramente batidas
   1 pizca de sal
   aceite para freir

1. Se tritura el plátano y se mezcla bien con mitad de mezcla de linaza. Si queda muy gruesa, se puede agregar más agua de linaza.
2. Se forman croquetas y se frien en aceite de oliva, hasta dorar por ambos lados, unos tres minutos. 

Bueno, se me abrió el apetito. A buscar más plátanos. 

domingo, 23 de junio de 2013

Van 2 y fueron 18

Parece mentira, pero hoy empieza nuestra tercera semana de vacaciones. Sé que no debería quejarme pues nos tocan 7, pero cónchale, ¡qué recontra rápido está pasando el tiempo!

La primera semana la pasamos en casa de mi suegra, recuperándonos del jet lag y respirando profundo del aire limpio.


La segunda semana la pasamos en Florida, primero en Disney y ahora en Miami hasta el lunes en la mañana.

Esta foto que tomamos ayer y commemora la primera vez que estamos reunidos los Crespo Leal desde hace 18 años cuando salimos mi hermana, mi mamá y papá y yo de Venezuela. ¡Ojalá no pasen otros 18 años más!


Mas fotos en flickr.

domingo, 30 de octubre de 2011

Avelina dijo que tomara fotos

Mis papás se fueron de Tianjin después de una larga visita. Pasaron dos hermosos meses con nosotros, sin ajetreos ni demasiado turismo, pero con mucha compañía y tranquilidad familiar.

Estoy desenamorada de mi cámara pero floja para buscar otra, asi que no tomé tantas fotos como debí, pero Avelina, una amiga de mi mamá, dijo que tomara fotos, así  que aquí unas cuantas de las fotos, que son pocas para decir lo mucho que disfrutamos la visita.


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lunes, 12 de septiembre de 2011

Lo que me trajeron y lo que hicieron

Mi mamá y mi papá llegaron el martes, 30 de agosto a medianoche. Se quedarán hasta el 28 de octubre. Una visita bien larga para que sea tranquila, sin el ajetreo usual de tener que mostrarles a los huéspedes la ciudad y nuestra vida en China en tres días y dos noches.

Me trajeron Harina Pan, ron Cacique, chocolate Savoy, ají dulce deshidratado, libros, regalos a los niños, y mucho calor latino americano. Gracias a las personas que los ayudaron a conseguir mis encargos de ají dulce y ron: mi hermano Quelo, María Luisa Ríos, Lidia Coronado y Zulmy García. Saludos de vuelta a todos los que me enviaron saludos con ellos. Me hacen falta a mí también.

Con la Harina Pan mi papá ahorita está haciendo arepas, yummm. Con eso soñaba: arepas que no tengo que hacer yo. Lástima que aquí no hay queso de verdad, solo de las variedades americanas y europeas. No es que le voy a hacer fó a una arepita con queso gouda, pero !ay! con un guayanés....

En el colegio, la señora que limpia la biblioteca me regaló mazorcas de maíz. Después de darle las gracias, le pedí que me diera hojas si tenía. Creo que se sorprendió pero me dió una bolsa llena de hojas así que con esas hicimos hallaquitas. Le pusimos tocineta y ají dulce a la masa y quedó super deliciosa. Ahora si tan solo tuviese la sazón de mi abuela, podría hacerme la idea de que había regresado en el tiempo a comer mis hallaquitas con su salsa de carne. Como no tengo su sazón, ni modo, la salsa de carne fue la de Hunt's. Igual muy rico.

Hallaquitas

Mi mamá intentó hacer cachapas con las mazorcas pero aunque no salieron mal, no fue espectacular tampoco. Ella había comprado maíz tierno en un mercado para hacer las cachapas pero las dejó sobre el mesón de la cocina y la ayee las sancochó para la cena antes de que mi mamá se diera cuenta. Menos mal que ese mismo día fue el que me regalaron las otras mazorcas. Lástima que las regaladas eran blancas y desabridas, pero ni modo, a caballo regalado no se le mira el diente de maíz.

Mi papá también bien ocupado. Nos acabamos de mudar al apartamento donde estamos y por supuesto hay muchos problemitas. Mi papá ya me arregló el manubrio de las escaleras que estaba flojo y le agregó estantes a una mesa para que tengamos donde guardar las laptops. Compró tapones para los dos tubos que estaban destapados en los baños, y cuando se dió cuenta de que los sujetadores de cuero de la mesa de billar no eran de cuero sino de cartón y por eso se rompían a cada rato, los reemplazó con otros también de cartón, pero más resistentes. Encontró también donde conectar la televisión que estaba escondido y reparó un micrófono del wii que habían roto los niños. Ah, y también tumbó un nido de avispas que había en el patio y que estaba aterrorizando a la ayee. Ahora puede salir a tender la ropa afuera.

Lo único que no ha arreglado mi papá es a mi mamá (chiste viejo de familia) y el aire acondicionado que gotea por todas partes, pero ni modo, hay que dejarle proyectos para más tarde también.

Aquí estan los abuelos en el picnic del colegio, conversando en español e italiano.

En el picnic del colegio, Sept 2011

domingo, 11 de septiembre de 2011

Pasó un mes completico, ¡uy!

Pues entre vuelta y vuelta de la vida, ha pasado un mes entero sin que yo me siente a actualizar ésta bitácora. Limpié la casa virtual cambiándole la plantilla y ¡chuiz! paso un mes enterito sin darme cuenta.

Ni modo. Regreso ésta semana con varias entradas que voy a escribir ahora aprovechando que no comienzo clases de la maestría hasta el 19.

A los que están pendientes de mi mamá y papá, llegaron bien y estan felices. Nosotros muy a gusto de tenerlos en la casa. Pronto les pongo la entrada de lo que me trajeron y lo que han hecho.

Mientras tanto, una fotico para que vean donde fuimos a acampar el fín de semana antes de que ellos llegaran.


sábado, 1 de enero de 2011

Lo mejor del año nuevo

Lo mejor del año nuevo, mejor que la promesa de 365 días nuevecitos, mejor que las buenas intenciones sin romper, mejor que la fecha de hoy sea 1-1-11, mejor que vivir donde no tengo que calarme los resúmenes en televisión del año que se va, son los chistes que aprovechan el final del año y el comienzo del siguiente.

Mi papá siempre celebra el año nuevo diciendo cosas así el primero de enero:
  • ¡Es la primera vez que me cepillo los dientes en todo el año!
  • ¡No almuerzo desde el año pasado!
  • !Qué bueno! !En lo que va del año no me han salido más canas!
  • Josianita, ¡no te has reído de uno de mis chistes desde el año pasado!
Pues, créeme, papi, que tengo riéndome desde el principio del año con tu inspiración para ésta foto y el video que le sigue. Además, éste año Michaelito se ha unido al maratón de chistes malos. ¡Por fín un compañero! (Andreína repite y repite, "!Pero el año pasado fue apenas ayer!" No entiende todavía, pero ya veremos el próximo año.)

¡No me he cambiado la piyama desde el año pasado!

Papi, seguro que conoces ésta mirada desdeñosa, ja ja. 

A mi comunidad bloguera le deseo mucha prosperidad y sosiego en el 2011. A mi familia, besos y abrazos y muuuuucho cariño. 

viernes, 23 de julio de 2010

Feliz cumpleaños, papi.



Mi papá tiene 80 y pico de años conversando y echando cuentos. El 21 de julio fue su cumpleaños y lo celebraron en Venezuela. Papi, te prometí una entrada. Aquí está una fotográfica. ¡Ojalá pases muchos años más contándonos cuentos!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Recordando

Mi hija ayer pasó la tarde en casa de unos amigos y se regresó con una botella de Sprite que ellos le compraron. Nosotros no compramos refrescos (léase CocaCola, Pepsi, Seven Up, etc.) por lo que para ella esa botella de Sprite es como un magnum de champaña. Ya la había abierto para tomar un poquito, pero la quería guardar para llevar al colegio hoy.

Andreína: Mañana la llevo para el colegio.
Yo: No puedes, porque en el colegio no dejan que los niños traigan refrescos y además se te botaría por todas partes en el morral.
Andreína: Mentira, !sí dejan!.... Bueno, verdad, no dejan.... pero igual no se me bota.
Yo: Sí se bota por el gas que tiene por dentro.
Andreína: No se bota y además tú no sabes.
Yo: Sí sé porque cuando yo tenía tu edad y iba al colegio por primera vez, un día pusimos colita en mi termo y se botó toda.
Andreína: ¿Tú tuviste 6 años?

A pesar de la sorpresa de mi hija, sí tuve 6 años, hace unos cuarenta, y hay un montón de momenticos que no olvido de ese primer año escolar.

- lo del refresco en la lonchera. Mi mamá que se esmeraba tanto con los almuerzos. El refresco se botó por todas partes y lo único que me quedó fue una lonchera empegostada y una que otra gotita rosada. Por cierto que el termo tenía vidrio por dentro y en por lo menos dos ocasiones se rompió y entonces lo que había era vidrio regado por todas partes.
- cuando una de las amiguitas trajo un montón de anillos de su mamá y nos dejó a todas probarnos los anillos. Cuando me tocó a mí ponérmelas justo estaba adoptando pose glamorosa cuando otra niñita me montó una araña encima. Me puse a gritar y a sacudir las manos del asco y pasé la tarde entera castigada recuperando los anillos de la mamá. ¿Y la malvada que me puso la araña? Entre tanta gritadera - mía del asco, de la hija del susto de perder los anillos, y de la maestra intentado controlarnos - pasó desapercibida.
- mi primera palabra en inglés fue "because." (El colegio era bilingue.) La que después de convirtió en mi mejor amiga, Laura Seel, estaba sentada detrás mío en el autobús el primer día, contándole algo a otra niñita. Le escuché "because" muchas veces y esa noche jugué con mis muñecas al colegio hablando así: "because wachi wachi wachi because because wachi wachi because wachi wachi wachi."
- el primer libro que amé se llamaba "Bread and Butter for Frances" y era de una puercoespín que tenía una hermanita bebé. La mamá regañaba a Frances y Frances se escondía debajo de la mesa del comedor a tararear. Todavía lo veo en la biblioteca hoy en día y se me alegra el día.
- que a Laura y a mí nos gustaba jugar jackys, aunque eso tal vez vino después.
- que en agosto mi asiento era en la primera fila del salón porque era por altura y los más enanos estaban al frente. Para diciembre ya yo estaba varías filas más atrás pero Laura seguía en la primera fila. Para nosotras era tragedia la separación.
- que mi papá me vino a traer la lonchera una vez porque se me había olvidado y el corazón se me explotaba de la alegría de verlo magicamente en mi salón. ¡Papi, tan alto y buenmozo que te veías en tu flux gris! Gracias por traerme la lonchera.

¿Viste, Andreína, que sí tuve seis años? Hasta me acuerdo. ¿De qué te acordarás tú en cuarenta años?

domingo, 2 de agosto de 2009

laquemeinspira

La uber-bloggera Jacqueline posteó una foto de su marido en flickr y las taggeó de modo muy ocurrente:
  • elquemetrajoaCanada
  • elculpabledemisdoshijas
  • elquefrenaenlacarreteraparaqueyoletomeunafotoaunavaca
Esto me inspiró, como a menudo me inspira ella, a crear mis propias categorías a mis fotos. Aquí se las pongo con espacios para facilidad de lectura.


la que se casó con mi papá
la que le da masajes a quien se deje
la que escucho en mi voz cuando le hago cariños a mis hijos
la que se baja del avión en cualquier parte del planeta y encuentra quien la conoce y la quiere

el que se casó con mi mamá
el que arregla cualquier cosa con un alambrito
el que una vez persiguió una moto en la autopista de Prados del Este para que yo viera si era Guillermo Dávila


el que me trae cada verano a vivir a 521 pasos del mar atlántico
el que me regaló dos hijos hermosos
el que me deja tomar la siesta mientras que él prepara el pie de blueberry
el que dice que para vivir sólo necesita café, cambur, a sus hijos y a su Josianita

 

el que tiene 10 años alegrándonos la vida
el que cree que eructar es lo máximo en diversión
el que quiere ser astronauta
el que ya no cree en el Niño Jesús pero sí en el Ratoncito Perez porque una vez lo vió en la cama

 

la que parí con el alma hace seis años
la que enamora a cualquiera
la que atormenta a su hermano porque lo quiere tanto que no se aguanta
la que le gustan las cosquillas, la playa, los caramelos, y los cachorritos de cuanto mamífero se le atraviese

 

la que no se ve desde el espacio eso es un cuento
la que quiero recorrer de cabo a rabo
la que tiene su contraparte electrónica que siempre digo que me va a impedir visitar la blogósfera y que normalmente puedo escalar virtualmente pero por si acaso aviso cada año


la que nunca sale en las fotos porque es la fotógrafa
la que quisiera sembrar ají dulce que sobreviva más de seis semanas
la que se regresa a China todos los años con 12 kilos de harina pan
a la que le gustan los ronquidos de su marido
la que se inspira con las super mamás de su comunidad bloguera

jueves, 23 de julio de 2009

Diez

Diez minutos apenas tengo para compartir que ésta semana mi hijo cumplió diez años y que mi papá cumplió 83. Diez mil besos para ellos.



martes, 18 de noviembre de 2008

Dulce de leche

Mi marido:  Oh no, la leche está pasada.
Mi hija:  ¡Asco!
Mi hijo: ¡Guácala!
Yo:  ¡Yupi!

Cuando yo era chiquita y encontrábamos que la leche en la nevera se había pasado, mi papá nos hacía dulce de leche. A la leche cortada le echaba azúcar y un poquito de jugo de limón. Entonces hervía aquello por media hora hasta reducirlo a unos globulitos de leche en almíbar. A cada uno nos tocaba un poquito.

Anoche me tocó a mí. La leche estaba pasada, mi marido a punto de botarla toda, mis hijos completamente asqueados y a la vez morbosamente fascinados con los grumos blancos y el suero separado, pero yo feliz de poder hacer mi dulce de leche. Me lo comí todito yo sola. Nada más en eso fui diferente a mi papá. El siempre compartía.

martes, 9 de septiembre de 2008

Como arroz

Cuando Dios hizo al mundo, unas cuantas cosas le rindieron muchísimo:
  • mosquitos
  • mangos en estación
  • amor de madre
  • risas infantiles
  • lágrimas
  • amaneceres hermosos (mi papá dice que los amaneceres son mas bellos
    que los atardeceres porque uno los comparte con menos gente)
Y por que hay de todo en la viña del Señor, también le rindieron las
siguentes:
  • buenas intenciones
  • gente que fuma
  • ignorantes, brutos y pazguatos
La pobreza espiritual, la guerra, la miseria y la envidia no las hizo Dios, ni tampoco la
contaminación, la desidia, la indiferencia, ni la corrupción.

Responsabilícense los culpables.

lunes, 23 de junio de 2008

De parte de mi papá

Mi papá fue el último de doce hermanos. Mi abuelo Hermógenes era blanco de ojos azules, probablemente descendiente de los Welser, unos exploradores alemanes que recibieron una encomienda del rey español para explorar el occidente de la colonia venezolana hace 400 años.

- Josianita, ¡estás inventando! - Deja, papi. A los Welser el rey de España SI les dió una encomienda. Lo estudiamos en cuarto año de bachillerato. Además, éste blog es mío y me permite licencia artística.

Hermógenes era comerciante y arriero. En esa época, el transporte de bienes era por medio del arreo de burros y mi abuelo tenía una ruta de Churuguara a El Hato, a una distancia de un día de camino. A Churuguara don Hermógenes llevaba frutos y chivos, de allá se traía a El Hato kerosén, insecticidas y enlatados.

- Bueno, yo no me acuerdo muy bien lo que traía tu abuelo. Sé que una vez trajo una vitrola con discos de Libertad Lamarque y Juan Arvizú.

De los 11 hermanos que tuvo mi papá, una se murió joven de gangrena porque le cayó una piedra en la pierna y no había médico que supiera drenarle aquello.

- ¿Pa qué estás contando eso? Deja que yo lo cuento.

Yo nací en el estado Lara en un caserío llamado El Hato. Mi papá, tu abuelo, se dedicaba a la crianza de chivos y a la producción de productos derivados de ellos: cueros, carne salada, y quesos. Esos productos los negociaba con el cercano pueblo de Churuguara en el estado Falcón. El Hato quedaba a un día de distancia. De los 12 hijos que tuvo mi papá, tres nacieron en el mes de enero: uno el primero, otro el 7 y otra el 13. Lectores, pónganse a pensar en las posibilidades matemáticas de que de los doce hijos, 3 hallan nacido en el mismo mes. La próxima semana les revelo el resultado.

- No papi, que no los voy a dejar esperando una semana completa. Mas bien invitémosles a escribir en los comentarios cómo creen que se dió esa casualidad. Después del 10mo comentario, revelamos el enigma.

P.D. Nos adivinaron la razón. Lean los comentarios para enterarse.

domingo, 23 de diciembre de 2007

El 21 en el 23

Este cuento me lo envió mi papá y yo lo quería postear el día 21 del mes 12, pero ese día lo pasé atravesando la República Popular de China en tren, así que se los pongo hoy. Gracias, papi, me encantó el cuento.

Soy el veintiuno del 21
por Daniel Crespo Morales

Allá por los años de Gómez, exactamente en el año 1926, a tres leguas del pueblo de Baragua, en un sitio conocido como El Hato, tuve la suerte de ser de los nacidos el día 21 de julio en ese lugar justamente el 21.

Mientras Doña Zenovia, mi madre, era atendida por la comadrona en el proceso del nacimiento del décimo hijo que recorría el mismo camino de los nueve anteriores, otro suceso se estaba desarrollando que también era importante para la consolidación financiera del futuro de la familia.

Don Hermógenes, mi padre, estaba en trámites mercantiles para la adquisición de un camión, para reemplazar el arreo de burros que hasta entonces le servía como transporte de cargas, entre El Hato y las poblaciones cercanas y vecinas de Churuguara y Baragua. Había la necesidad de reunir el dinero para una cuota de la adquisición de ese camión. El monto de esa cantidad era igual al valor de una morocota, moneda de oro de los Estados Unidos, de circulación libre y legal en la Venezuela de esos años, y cuyo equivalente en bolívares oro de Venezuela eran 104 bolívares oro por una morocota.

La entrada económica más importante para la familia era producida por la crianza de chivos. En una región donde la lluvia es escasa, y por consiguiente la vegetación también lo es, la crianza de chivos era una bendición puesto que con esa escasa vegetación lograban alimentarse y tenían buenas perspectivas de reproducirse. Además, el cuidado de esos animales era muy fácil pues que no había que alimentarlos, ya que todas las mañanas se despedían del corral, buscaban su alimentación en lugares vecinos y regresaban por las tardes a pernoctar en su corral donde, a muy tempranas horas de la mañana, se ordeñaban a las cabras que lactaban a sus hijos, antes que los pequeños chivitos tuvieran oportunidad de alimentarse. En las horas vespertinas del día anterior se separaban de sus madres en un pequeño corralito y sólo después de recoger la leche en la mañana se abría la puerta que separaban madres e hijos.

La leche producida se consumía en forma de leche hervida, en suero en tapara y como queso, pero la venta de chivos producía las mejores entradas de dinero. Cada chivo tenía el precio regular de cinco bolívares. De manera que para llegar al valor de una morocota se necesitaba vender 21 chivos.

Ese año durante los días inmediatamente anteriores al 21 de julio, la cosecha de los chivos nacidos iba inventariada meticulosamente para llegar a la meta exigida por los compromisos adquiridos con la adquisición del camión.

A las 11:30 AM del día en cuestión, el inventario indicaba que ya habían nacido 20 de los chivos necesarios. Momentos más tarde una de mis hermanas fue con la noticia de que mi madre había concluido su trabajo. Mis hermanos mayores que estaban en el corral contando los chivos recién nacidos exclamaron a coro, "¡NACIÓ EL VEINTIUNO!"

Y esa es la razón porque soy el 21 del veintiuno del julio de 1926.