Nosotros celebramos Navidad en familia, preservando muchas de las
tradiciones de nuestros dos países, EEUU y Venezuela. El 24 de diciembre
es para cenar. Nos esmeramos con la mesa y la comida. A veces invitamos
amigos, pero preferimos comer en familia. En la mesa destaca el pavo
(EEUU), ensalada de gallina-pollo y pudín de batata (Venezuela.)
El 25 es para despertarnos a abrir los regalos que
trae el Niño Jesús y que esperan bajo el árbol. Los dos últimos años
hemos asistido a la misa de Navidad en la catedral católica de Tianjin,
Xi Cai Jiào Táng. Fue construida en 1913-1914 por misioneros franceses y
se encuentra en una zona central de la ciudad. La catedral está rodeada
de centros comerciales y hoteles de lujo, y queda justo al final de un
bulevar peatonal muy famoso y concurrido en Tianjin.
Los
chinos ven la Navidad como una fiesta para los niños y los jóvenes, y
se molestan si uno les trata de explicar que aunque sea muy comercial
ahora, la Navidad comenzó para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. No
entendí hasta éste 24 en la noche porque les parecía tan ajeno.
Por
primera vez en los cuatro años desde que se creó la congregación
angloparlante de la Catedral Xi Cai, ofrecieron misa el 24 en la noche a
las 7. Cenamos temprano para llegar con tiempo, pensando que comeríamos
el postre en Starbucks. A dos cuadras de la iglesia estaba bloqueado el
paso y el taxi no pudo seguir. Sorprendidos, pero no tanto porque es
China, decidimos caminar las dos cuadras. Al fin y al cabo teníamos 30
minutos antes de que empezara la misa. Resulta que los andamios que
bloqueaban la boca calle que da a la iglesia continuaron por otra cuadra
más, llegando a la avenida principal donde nos esperaba un bululú
impresionante.
En Nanjing Lu estaba como mínimo la mitad
de la población de la ciudad, paseando, comprando chucherías y perolitos
de los buhoneros, mirando y dejándose mirar. Muchos portaban sombreros
de Santa Claus, máscaras de carnaval, orejitas de Mickey Mouse y hasta
cachos rojos de diablo. El número de personas caminando fue
impresionante. No tomé ni una sola foto por no soltarle la mano a mi
hija, que por cierto había votado por ir a misa el 25 para no perderse
de un show que iban a mostrar en la televisión. La muy bella no nos dijo
"I told you so" hasta el final de la aventura.
Para adelantar contra la multitud tuvimos que dar codazos
y empujones. Así luchamos por los 600 metros a la entrada de la
iglesia, solo para encontrar que la plaza estaba cerrada. Nos devolvimos
para entrarle por otro lado, otros 600 metros de rudo empujón, pero
también estaba cerrado el paso. Los policías parados ahí nos dijeron que
podríamos entrar por el tercer lado, pero ya eran las 7 y 20 y nos
dimos por vencidos. Por ese tercer lado donde nos mandaban no había
tanta gente, pero sería el lado más largo y no quisimos seguir. Ni modo,
le escuchamos a Andreína el "I told you so" (Se los dije) y nos
regresamos a casa a esperar al Niño Jesús.
Pensamos que el paso estaba bloqueado porque están uniendo dos
líneas del metro a poca distancia de donde está la iglesia, porque
pensar que fuese para evitar que la gente fuera a misa nos pareció
paranoico. Pero resulta que sí fue. Nos dijo una italiana que tiene
mucho tiempo en Tianjin que la calle la cierran en Nochebuena porque
presuntamente se acercan muchos curiosos a la iglesia. O sea que es para
protegernos a los cristianos. Si hubiésemos por fin llegado al otro
lado donde nos dijo el policía, hubiésemos podido entrar. La misa y que
quedó muy linda.
Gracias, pues, señores del gobierno por protegerme de los curiosos. El año que viene vamos a la misa navideña de día, no vaya a ser que les peguemos ésta loca fe a los muchachos vestidos de diablos en Navidad.
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La catedral de Xi Cai, de día, como la espero ver el próximo 25 de diciembre.
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