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sábado, 13 de julio de 2024

Cosecha compartida

 En mi pueblito de New Hampshire, hay una granja que tiene un puesto bien resuelto. Más bien un abasto orgánico cuchi. Durante el verano, uno puede comprar unas cestas con una porción de la cosecha de la semana. Pues hoy fui a recoger mi primera cesta. No me salió la foto de las cestas en el abasto, así que se las muestro en mi cocina. 

vegetales en la cesta: calabacines, acelgas, arúgula, pepino, coliflor, brocoli

Con la cesta también vino un manojo de flores - porque ellos venden flores también - y otro manojo gordo de cebollines. Dentro de la cesta hay una bolsa de arúgula y otro de acelgas con tallos tricolores. 

Por supuesto la primera pregunta es que hacemos con todos éstos vegetales. En casa vivimos mi suegra, mi marido y yo, pero como es verano, él esta solo de visita este fin de semana. Vive hasta el final de agosto en las playas de Cape Cod pues es salvavidas. Así que hay que comerse todos esos vegetales pronto. 

A ver, a planificar. 

vegetales en la cesta y sus fines

Ya los calabacines están divididos. Vinieron 7 (ojalá sean menos la próxima vez!): dos para una crema de calabacín con la receta de la Sra. Lourdes, 2 para hacer vinagreta de calabacín como mi amiga Carel, 3 más para hacer zucchini bread - que a mí no me gusta, pero a mi suegra sí asi que lo haga ella, y quedará uno para regalar. 

El pepino en ensalada, las acelgas sofritas con cebolla y tocineta, el coliflor no sé pero tal vez un tabulé sin gluten, el cebollín en la cocina diaria porque me encanta su delicado sabor, y entonces me sobra el calabacín amarillo. Frito sabe dulce, un poco como plátano maduro, pero tengo que evitar la comida frita. Puedo encurtir un par de ellos, pero acepto sugerencias para los demás. ¿Cómo lo cocinan ustedes? 

Add to Plan to Eat

P.D. La crema de calabacín quedó exquisita como toda receta de la Sra. Lourdes. 





martes, 25 de mayo de 2021

Se me va acabando

La vista desde mi biblioteca al jardín del colegio. Me encanta cuando las acacias flambayán están en flor.
Es mi última primavera en Egipto.

 

Esta entrada va a ser un poco dispersa porque estoy tratando de entender cómo me siento. Se me acaba la vida de educadora internacional. El 15 de junio me regreso a EEUU y en agosto, por primera vez desde 1996 no voy a montarme en un avión para regresar a trabajar en un colegio internacional. ¡25 años!

Mi trayectoria internacional:

  • El Cairo, Egipto:  1997-1998
  • Beirut, Líbano: 1998-2001
  • Tianjin, China: 2001-2014
  • El Cairo, Egipto: 2014-2021
Se cuenta rápido, pero, ¡qué de tiempos que hemos pasado! ¡Qué aventuras!

De Egipto me va a hacer falta:
  • comprarle limones al viejito de la esquina que me llama habibi 
  • ver las pirámides de Giza desde la autopista todos los fines de semana cuando llevo a mi hija a su clase de equitación
  • tener ayuda doméstica - aunque mi señora de servicio me saca de quicio con sus taradeces, le agradezco que me tiene la casa como tacita de plata
  • los pajaritos que cantan del árbol en la esquina. Son como 500s y cantan todo el día pero sobre todo para despertarme en la mañana
  • pedicuras baratísimas
Esos son pequeños detalles. Lo que voy a echar de menos de verdad es ser una maestra expatriada. Ya no voy a ser expat, sino inmigrante. Ser "expat" nos permitió un estilo de vida con muchos privilegios. Viajamos mucho y conocimos mucho. Tuvimos domésticas y choferes. Fuimos al cine, al teatro, al ballet, a conciertos con entradas VIP. Nos codeamos con embajadores, jefes de transnacionales, y la clase alta de los países donde vivimos. Tuvimos un estatus especial. 

Ahora voy a ser inmigrante, con toda la sensación de ajenidad que eso implica y sola. En los colegios internacionales, teníamos una camada de amigos expatriados y nos deleitábanos de nuestro estatus especial. Mi vida en un pueblito de New Hampshire será muy diferente. 

No me van a hacer falta los viajes de mi vida expat - si no me monto en un avión por un par de años seré feliz - pero sí me hará falta tener cocinera y chofer. Que alguien me lave la ropa y la planche y la guarde. Voy a comenzar la vida en un país nuevo - por más que EEUU sea conocido, he trabajado poco ahí - sin un departamento de recursos humanos que me explique las diferencias y pecularidades de la cultura. 

¿Si uno anticipa que va a sentir un choque cultural, pega menos?

sábado, 22 de agosto de 2020

Máquinas de coser - entre el pasado y el presente

Cuando el Covid 19 pasó de ser virus a ser pandemia en marzo, me compré una máquina de coser.




En casa de mi mamá había una máquina de coser marca Husqvarna, que es la mejor máquina de coser del mundo. Ahora bien, tiene 50 años la máquina y como diría mi mamá pesa más que un matrimonio obligado, pero seguro que si le abro el estuche y la saco, funciona de maravilla igualito que cuando aprendí a coser con ella hace 30 y pico de años.


Mi mamá hacía ropa para nosotras y nuestras Barbies. (Me imagino que cosía otras cosas a las cuales nunca le puse atención.) Y también nos enseñó a coser. No recuerdo nada de lo que alguna vez cosí entonces excepto por un vestido que me hice. Mucha gente me felicitó por el vestido, pero en realidad era muy simple, algo de principiante. Un rectángulo largo de tela cosido por ambos bordes y ya. La tela era espectacular, eso sí. 

Como les digo, me mamá nos enseño a coser con la Husqvarna.

Lo que me enseño mi mamá:
  • como enhebrar la aguja
  • como llenar las bobinas
  • cortar la tela con mucho cuidado - lección que aprendí por las malas por no prestarle atención a mi mamá y creer que yo sabía más que ella. Adolescente al fín. 
La máquina de coser que me compré en pandemia es marca Brother. Husqvarna no había, y la Brother me salió a buen precio. Ya he cosido muchos tapabocas, un forro para la mesa de planchar, y un forro para el pipote de basura del cuarto de la costura.  

Ya tengo 5 meses con mi máquina Brother, pero todavía, cuando voy a cortar los hilos o cuando voy a levantar el pie de coser, mis manos se mueven a la posición donde estarían la hojilla y la palanquita en la máquina de mi mamá.

Actualización: 21 de agosto

Cuando empecé a escribir esta entrada, era mayo y todavía no había regresado a EEUU para mis vacaciones. Pues cuando llegué, compré tela y quería hacer más tapabocas, recordando que mi suegra tenía una máquina de coser que yo recordaba era blanca. Resultó que sí tiene máquina de coser, pero una Singer negra portátil de una edición que fabricaron para celebrar los 150 años de la compañía. Es una joya y está en magnífico estado. Alguien la había tomado prestada y para agradecerle a mi suegra, se la había mandado a hacer servicio completo en la Singer. Está perfecta. Es riquísimo coser con ella. Como manejar un carro de lujo. 



Lo mejor de todo, todas las palanquitas están donde las busca mi memoria muscular. Ya le dije a mi suegra que esa máquina es lo que quiero heredar de ella. Se río y me sugerío ponerle una etiqueta con mi nombre para que nadie se la lleve antes que yo. :-)

Lo que he aprendido con éstas máquinas:
  • a mover las manos a diferentes lugares dependiendo de la máquina
  • controlar la tensión del hilo
  • prestar atención a dónde están los cabos de los hilos para que no se enreden bajo la costura
  • que mi mamá tenía la razón en todo

viernes, 17 de abril de 2020

Bicicleta en el desierto

Mi marido es un aficionado de las bicicletas montañeras. Siempre le han gustado, pero es aquí en Egipto donde ha realmente profundizado su afición por el deporte. Tiene como tres años ya que va por lo menos dos veces por semana a montar bicicleta en un parque que nos queda cerca de la casa, el Wadi Degla Protectorate.

La palabra "wadi" es una palabra árabe que significa un valle, y específicamente uno formado por un río seco. En el pueblo de mi papá lo llamarían el "auto-chivo" porque es la carretera que es parte rio seco y parte senderos de animales.

Ya pasamos la temporada de lluvias, así que hoy el wadi estaba sequito. Mi marido siempre me invita  a montar bicicleta con él, y yo hasta hoy me había negado. No quería nada que ver con el esfuerzo, el polvo, el calor, las moscas, las bajadas descontroladas a toda velocidad. Bueno, sí, soy una miedosa. Hipocóndrica también, porque ya me veía con una clavícula rota o una pierna partida. Pero hoy, me decidí dejar los miedos y me fui con él tempranito.



Me fuí con una bicicleta prestada de una amiga, el casco de mi marido, la cantimplora de mi hija. Un poco nerviosa - por lo de la hipocondria y los sustos - pero resuelta a montar bicicleta por fín en el desierto.

Para llegar hay que rodar unos 10 minutos por las calles de la ciudad. Por fin llegamos al wadi, y de inmediato hay que subir un cerro para llegar a las pistas de bicicletas montañeras. Primera prueba de mis aptitudes para el deporte. Siento decir que no pasé. Me bajé de la bici y a pie la fuí empujando cerro arriba.


Este es el punto donde empieza "oficialmente" el camino. Aunque el wadi es un área protegida, en el último año ha habido bastante movimiento de tierra porque están construyendo una carretera que atravesará uno de los rincones del wadi. En la foto de arriba se ve la otra ladera del cañon y la entrada del parque. En frente esos peñascos son producto de la construcción.

El recorrido completo duró dos horas. Como a la hora ya los brazos los tenía adoloridos. Mi hija me había advertido que me iban a doler, pero no me había imaginado lo acertado de su predicción!! Es el golpe de los cauchos contra las piedras que se transmite por los manillares contra los brazos. Y ni les cuento del golpe contra el asiento. ¡Ay!



Para que vean el sendero. Por supuesto yo detrás de él, pero el iba despacio para quedarse conmigo. Eso es amor. Las dos horas que pasamos, él lo hubiese hecho solo en 30 minutos.

Al final por fin llegamos a este punto, que llaman La Catarata, y ahí nos sentamos en un banquito a descansar. Supuestamente cuando llueve, se forma una catarata de verdad, pero eso no lo voy a ver yo en persona. Me conformo con las fotos. 

Hablando de fotos, aquí una cuenta de Instagram con fotos de uno de los compañeros de bicicleta de mi marido: @cyclingcairo. Muy recomendada la cuenta. 


Esta última foto de abajo fue la última vez que sonreí. De ahí todo fue en bajada. Espeluznante para mí, como si nada para mi marido. Lo bueno es que ni me caí ni lloré, aunque estuve cerca un par de veces de ambos. 


Llegué a mi casa con la lengua afuera, completamente exhausta. Mi hija se rió de mí y me dijo que estaba caminando como una anciana. Inmediatamente me invitó a pasear con el perro. "Vamos despacito," me dijo, riéndose. La verdad que caminar me hizo bien, para mantenerme en movimiento y para usarlo como rutina de enfriamento. 

Regresaré al wadi. Pero no sé si será mañana. 

Actualización del 19 de marzo:  
Fuí otra vez ayer. Con mis brazos y mi asiento adoloridos, pero queriendo intentar de nuevo a ver si lograba que me gustara.  

Pues no. El segundo intento me demostró que eso de la bicicleta de montaña no es conmigo. No es tanto la falta de fuerza física, sino que es demasiado estresante. No termino de imaginarme todos los finales infelices que podría tener. Mejor dejo que el hombre vaya con sus amigos expertos y yo me quedo en casa haciendo yoga. 

domingo, 27 de diciembre de 2015

50 añitos

Ayer fue mi quincuagésimo cumpleaños. (Tuve que buscar el ordinal para 50 en el DRAE porque no es una palabra que se utiliza a menudo, ¿verdad?) Quisiera poder montar un bello escrito, lleno de reflexión y compromisos para el futuro, pero, francamente he llegado a los 50 sin nada muy profundo que decir, ja ja.

El 2015 fue un año que comenzó fuerte para mí pero, especialmente en los últimos meses, se amansó bastante. Estoy mas ubicada en mi vida egipcia, mi salud ha mejorado, mis hijos continúan creciendo en inteligencia y hermosura - y de vez en cuando en sabiduría - y mi matrimonio se acerca a un feliz vigésimo aniversario. Estoy haciendo mucho ejercicio, y aunque todavía no se me nota en la figura, siento los beneficios en la claridad mental y la energía. Como bendición adicional, en Venezuela se ve el final de 20 años de socialismo mal guiado, y nada más por eso hay razones para ser optimista.

Los dejo con unas fotos de mis hijos y mi marido celebrando el consumismo navideño, y sobre todo con los mejores deseos para un 2016 lleno de éxitos y alegrías.


Nos levantó a las 7 de la mañana. Menos mal que es adolescente porque antes había que levantarse a las 5, ja ja. 
Demasiado temprano levantarse a las 7 de la mañana para abrir regalos en la opinión de éste adolescente.

El pobre hombre se lesionó la espalda aprendiendo a surfear con paracaídas (kite surfing) y pasó la Navidad acostado. 


Estos globitos de Navidad los hizo Andreína como regalos para cada uno de nosotros. Le quedaron preciosos y ahora me decorarán la Navidad por muchos años. 




sábado, 1 de agosto de 2015

Hibernando en verano


Parece mentira que ya es 1ro de agosto. Cuando llegamos a EEUU en junio, estaba como en shock. El año escolar, que habíamos anticipado tanto por ser el triunfal regreso a Egipto tras 18 años, resultó ser dificilísimo. La transición después de 13 años en China fue dura. Nos sorprendió la feroz nostalgia que sentimos por nuestra vida en China, y por lo menos para mí los primeros seis meses fueron oscuros. 

Las cosas mejoraron en el segundo semestre a medida que fuimos ajustándonos pero igual, llegamos a las vacaciones de verano buen aporreados. 

El verano lo pasamos calladitas. Me hija se quedo con su tía Lisa en New Hampshire, montando caballos y así cumpliendo un sueño de ella. Me hijo se vino con nosotros y se quejó de lo pequeño de la casa camper y de la falta de Internet, y solo se acecinó a la paya en las noches en que tuvimos fogatas. 

Yo por supuesto pasé el verano leyendo, excepto por un día que Scott y Michael fueron a NH a buscar la camioneta picó, eso es cuento para otro día. 

Los dejo con unas pocas fotos de ilustración de mis actividades terapéuticas. 








lunes, 11 de mayo de 2015

Guayabas al final del guayabo

En venezolano, tener guayabo significa sufrir de un corazón roto. He pasado la gran parte de éste primer año escolar en Egipto enguayabada, luchando contra una fuerte nostalgia por nuestra vida en China. Afortunadamente, el tiempo lo cura todo y ya se me está pasando. Tianjin siempre será mi otro hogar, pero el Cairo me está cayendo un poco mejor.

Yo sigo con mis alergías. Una de las cosas que encuentro más difícil es no poder disfrutar de postres. Le tengo alergía al trigo, a los huevos, los lácteos, y algunas nueces, o sea que un viaje a la pastelería es un paseo virtual para mí. Solo puedo comer con los ojos y me consuelo con frutas.

Aquí en Egipto se consiguen las guayabas. En Venezuela me gustaba la guayaba pero no era mis fruta favorita porque la hay por doquier. No fue hasta que salí de Venezuela que me dí cuenta de lo exótico que son las frutas tropicales en otros lares. Encontrarme aquí con guayabas ha sido como encontrarme con una hermana perdida.

Por los momentos, mi manera favorita de comérmelas es horneadas. La receta es super sencilla. Lo dificil es esperar los 30 minutos que se tardan en el horno.



Cascos de guayaba al horno

Ingredientes:
  • 6 guayabas, cortadas por la mitad y despepitadas
  • 1 cda de aceite de coco - (Me imagino que se podría usar mantequilla, pero yo le tengo alergía.)
  • 2 cdta de miel
Método:
  1. Se engrasa un molde de vidrio con el aceite de coco. (Las hice una vez en un molde de metal y el metal las tiño de negro.)
  2. Se colocan los cascos de guayaba en una sola capa.
  3. Se vierte la miel para que cubra bien todos los cascos. Yo prefiero verter la miel sobre los bordes del casco pues la gravedad nos ayudará con el interior. 
  4. Se hornea a 425 grade F (215 grados C) por 30 minutos. 
  5. Se sirven solos o como acompañante al yogurt o helado. 

Me gustaría poder reportar que estos cascos de guayaba horneados son igualmente deliciosos calientes o fríos, pero no me han durado más de 15 minutos después de sacarlos del horno así que no sé. A todos en mi familia les encantan y nunca queda sino el molde sucio. 



domingo, 18 de enero de 2015

Esquiamos de verdad


Los que tienen tiempo leyéndome saben que los Fitzgerald Crespo somos fanáticos del esquí. Yo aprendí a esquiar en Italia, durante mi luna de miel, pero no fue hasta que pasaron 11 años que aprendí a disfrutarlo. Eso lo aprendí en China, en el resort Wanlong, 7 horas al norte de Beijing.

Esquiar en China es buenísimo, por lo menos en Wan Long. No neva mucho sino hasta marzo, por lo que el resort cubre las pistas con nieve artificial. El que no esquía, no sabe que la nieve artificial es un regalo. La nieve natural es poco uniforme. Cae a diferentes temperaturas y cubre superficies irregularmente. La nieve artificial es uniforme y en Wanlong, las temperatures son siempre constantemente bajas. No hay deshielo y re-congelamiento como en otras partes.  Wanlong tiene un ejército de maquinas niveladoras que suben por las pistas toda la noche para que en la mañana estén listas para esquiar de nuevo. Como para completar el paraíso, no hay mucha gente y las pistas nunca terminan todas marcadas por los pasos de miles de esquiadores.

En la vida real, la nieve casi nunca queda perfectamente nivelada ni tampoco hay la visibilidad perfecta de Wanlong. Hay una gran diferencia entre las condiciones de la mañana a la tarde, y hay que compartir las pistas con mucha gente. Así nos tocó en Austria éstas vacaciones y a veces nos hizo falta nuestro resort privado -- pero sólo a veces. Aunque sí tuvimos que compartir con un gentío, la temperatura nunca bajó de -10 grados, los vientos nunca fueron huracanados y los paisajes fueron sin igual. Para allá volvemos.


Las fotos del teléfono y sin editar, pero igual el paisaje muy lindo.


domingo, 2 de noviembre de 2014

El Hada de los Libros

A mí me gusta la Noche de Brujas.  Cuando mis hijos estaban chiquitos, les organizaba una salida de trick-or-treating a ellos y sus amigos a las casas de mis colegas. Eso sí era divertido, llevar aquel montón de muchachitos disfrazados, como si fuera una benevolenta Flautista de Hamelín. Como para resaltar la diversión, Halloween no es una fiesta que se celebra en China, así que nos tocaba ser los locos extranjeros, solos en nuestro trick-or-treating.

Este año, en Egipto, nos encontramos en un colegio americano que celebra Halloween por completo. Los maestros ponen tareas donde protagonizan vampiros y calabazas, se leen cuentos fantasmagóricos, y los alumnos y los maestros juntos decoran sus salones. En la biblioteca tuvimos una mesa de manualidades durante el recreo. Más de 100 visitas a la biblioteca ésta semana a la hora del recreo, con niños queriendo hacer sus manualidades de Halloween. Normalmente nos llegan tal vez 30.



Hace un par de años había visto éste disfraz del Hada de los Libros. Me había llamado mucho la atención, pero típico siempre lo dejaba para última hora. Este año, como tenía muchas revistas viejas que estamos botando, decidí con tiempo asumir mi lado crafty y hacerme el disfraz.

  

Lilliedale gentilmente incluye instrucciones en su blog (en inglés). El de ella fue en blanco y negro, con un diccionario. El mío fue con las revistas y un libro de juegos de naipes publicado en 1976, que por cierto no entiendo qué estaba haciendo en mi biblioteca para niños.

Primero se necesitan muchas hojas de revista, - o de un libro -, enrolladas y una tira de tela donde fijarlas.


Lilliedale usó una pistola de silicona en lugar de una engrapadora, pero ella debe haber tenido mas tiempo que yo, y mejor técnica que la mía para que le quedaran dedos sin quemar.

Se dobla la punta de los rollos hacia afuera y se engrapan - o se pegan.

No se nota muy bien en la foto, pero engrapé las hojas enrolladas en cuatro capas. Se podría hacer con menos, pero me gustó la idea de tener un tutú bien relleno.


En la última capa, se doblan las puntas de los rollos de papel detrás de la tela.


Se podría terminar la cintura de la falda con una cinta vistosa, pero yo no tenía. Para que las grapas no me molestaran, las cubrí con cinta transparente. 

Las alas se hacen con un libro viejo de capa dura. Se le quitan las hojas con cuidado, y se le monta un alambre para que se mantengan abiertas.


Para cubrir el alambre y dar la ilusión de un libro que aletea, se le pegan hojas en el reves de la carátula. Las mías las pegué patas arriba por equivocación. 


Para montarme las alas, usé una banda elástica larga de las que usamos en la biblioteca para guardar libros. Se le hacen un par de huecos en la espina de la carátula en el cuarto superior del libro para que te queden bien altas sobre la espalda, y se enhebra la banda elástica. También se podría utilizar cintas de colores en lugar de la banda elástica.

Para la varita mágica, utilicé lo que llamamos un marcador de estante. Eso es una ferula de plástico. Les enseño a mis alumnos a usar el marcador para marcar el lugar donde va cualquier libro que retiren del estante. Con el marcador de estante saben donde devolverlo. La flor la hice con las instrucciones para hacer pompones de papel de seda de Martha Stewart. Fue lo más difícil porque el papel de revista es mucho más grueso que el papel de seda, y se rompe al tratar de formar los pétalos. Como el marcador de estantes es bastante ancho, necesité dos flores. Las pegué con una pistola de silicona. 


Las letras las encontré en un depósito del colegio donde hay materiales que van a botar. Yo quería cuadritos como los del juego Scrabble, pero éstos me salieron hasta mejor por ser tan coloridos. También las pegué sobre la falta y sobre un cintillo de papel.


Una cosa que me sorprendió después de ponerme la falda: ¡qué fastidio el ancho de las caderas con el tutú! No podía pasar por ninguna parte sino de lado. Nada más pensar en las modas de antaño con sus aros y crinolinas me trae de rodillas en agradecimiento que nací después de que se pasó esa moda.

¿Qué les parece mi Hada de los Libros? Tal vez la resucito el año que viene.

lunes, 27 de octubre de 2014

Choque cultural

El choque cultural es el proceso de adaptación que uno atraviesa al encontrarse en un nuevo entorno social, especialmente al mudarse de un país a otro.

Hay cuatro etapas del choque cultural (culture shock).

La primera es la luna de miel, cuando todo es maravilloso y nuevo y bonito. Esa etapa ya la pasamos. Se evaporó en el calorón de agosto, el mosquero increíble y los problemas interminables de Internet (que siguen sin resolver por completo todavía.)

La segunda etapa es una de negociación. Ahora las diferencias entre la situación nueva y la anterior son más aparentes, y ya no son causa de deleite. Uno desea regresar a casa. En mi caso, regreso a casa significa regreso a China, a mi maxi biblioteca, a donde me sé manejar, donde puedo hablar el idioma, aunque sea machacado, y hacerme entender. Nos hace falta la ayee, nuestro apartamento, las tiendas, los amigos y colegas, ¡hasta el chofer!

La tercera etapa es una de ajuste. En ésta etapa uno se va asimilando a la nueva cultura, ya uno tiene rutinas establecidas y un círculo de amistades. Sabes donde ir a comprar pan y a quien pedir ayuda. Según 2Vancouver, un bufete de abogados de inmigración en Canadá, en ésta etapa uno comienza a "asumir los hábitos y odios" de la gente del nuevo lugar. Esa etapa ocurre después de los primeros seis meses. Todavía no llego a esa etapa.

La última etapa es la etapa del dominio. Uno ya sabe manejarse, entiende, habla, y en fín, uno se siente en casa en el nuevo lugar. Llegar a ésta etapa puede tardar varios años y es posible que uno nunca se asimile por completo. Ahí estábamos en China, pero si volvieramos ahora, probablemente tendríamos que pasar por ésto otra vez, comparando la nueva vida en China con la que acabamos de dejar. Mejor quedarnos en Egipto por los momentos. (¿Será que ya estoy entrando en la etapa de la negociación?)

Encontré un artículo interesante sobre el culture shock en un excelente blog para expatriados e inmigrantes. En este artículo, el autor señala que la gente no pasa por las cuatro etapas en una línea directa como podría sugerir el modelo. De hecho, creo que si yo fuese a dibujar la trayectoria de mi culture shock, mi línea terminaría siendo un espiral. En este momento el espiral anda en bajada, pero quien sabe, tal vez en el futuro - ojalá no muy lejano - la espiral apunte hacia arriba.
Ver la versión original de éste perfil en el blog de su autora, Allison McCue

Adaptado de un perfil por Allison McCue, publicado en ourlifeinaarhus.wordpress.org.


Aclaratoria: No tengo calificación alguna en psicología. Este perfil refleja solamente mis sentimientos de nostalgia y desplazamiento en éstos momentos, a los tres meses de mudarnos a Egipto tras 13 años en China. El perfil que comparto es más garabato que modelo de asimilación, pero así es como me siento.



sábado, 16 de agosto de 2014

Van tres sábados

Parece mentira, pero éste es mi tercer sábado en Egipto.

El primer sábado lo pasamos en el colegio en plena orientación. Habíamos llegado el viernes, con un grupo de como 20 maestros nuevos. Tuvimos que presentarnos al colegio en la mañana, pero se apiadaron de nosotros y solo nos tenían actividades hasta el mediodía. Regresamos a la casa, pero la vecina, que también trabaja en el colegio, ofreció llevarnos a conocer un poco el vecindario. Le agradezco mucho el sentimiento, pero en realidad, no se me pegó nada de lo que vimos esa tarde. Yo solamente veía mi cama.

El segundo sábado me fuí para IKEA con una amiga que antes trabajaba en mi colegio en China. Compré un montón de cosas y pasé la tarde desempacando y acomodando. Andreína pasó el viernes montando caballo con las hijas de una de la maestra de arte y el sábado fúrica porque no regresamos a pasar el sábado también.

Hoy tercer sábado regresé a IKEA y a un automercado grande con tremenda lista. Pude apegarme a la lista en el mercado, pero después de llevar la compra al autobús del colegio que nos trajo, dejé la lista cuando tomé rumbo a IKEA. O sea, ¡licencia para comprar! Andreína tuvo clase de equitación en la mañana y cuando regresó con su papá, él se tomó una siesta y ella se puso a armar las mueblecitos que compré en IKEA. Salió a su abuelo Daniel. Tiene muy buen sentido de donde van las cosas y como usar las herramientas. Ojalá siga así, porque yo de mi papá heredé la nariz y los estornudos.
Estas tres semanas se nos han ido a millón. Dios quiera que los siguientes sábados no se apresuren tanto en pasar.

(Sin foto por los momentos porque el Internet está muy lento.)


sábado, 21 de junio de 2014

Alzando la mirada por fín

A mi me pega mucho el jet lag cuando venimos en éste sentido. Ir de aquí para allá es mejor porque durante el día estoy trabajando y eso me ocupa. De allá para acá lo que vengo es a vacaciones y por lo tanto puedo dormir durante el día y por más que me digan que aguante hasta la noche, el jet lag me tumba. Todo eso para decir que tengo una semana adaptándome al cambio de horario y todavía no estoy completamente recuperada.

También es que nos ha costado dejar a China después de tanto tiempo y lo estamos procesando. Mis hijos tienen a sus amigos, mi marido tiene a su familia y diligencias de la casa de aquí, pero yo estoy en limbo hasta la semana que viene cuando visite a mi familia en Miami. He tenido mucho tiempo para reflexionar y trazar planes para nuestra siguiente aventura en Egipto -- y también para dormir la siesta entre partidos

Sumado a la tristeza de dejar nuestra vida china, esta semana en Caracas murió Coronado, el papá de mi hermana del alma, Lidia. Murió de cáncer y mientras estamos agradecidas de que se acabó su sufrimiento, nos duele su ausencia. Coronado era de esos que siempre animan la vida, simpático y echador de bromas. Ahora estará en el cielo montando fiesta y aupando a los ticos en el Mundial. (Porque definitivamente le iría a Costa Rica.)

Aun así, estamos levantando la vista, pensando en el futuro. Ayer fuimos a subir cerro para despejarnos la mente y celebrar este lujo de aire limpio. La foto es desde la cima de Mount Major, que nos queda a unos 20 minutos de la casa. Recién llegada de Venezuela hace casi 20 años, para acá me venía a subir cerro cuando me hacía falta mi Sabas Nieves. Llegué a la cumbre casi mareada de tanto oxígeno, pero como sale gratis, pues a respirar limpio que tenemos 13 años de contaminación china que limpiar de nuestros pulmones.


No se ve Coronado, pero yo sé que está montado en esa nube echando chistes.

miércoles, 18 de junio de 2014

Las sorpresitas del regreso


Tengo casi 20 años en esta vida de educación internacional, 13 de los cuales he pasado en China. Cada año regresamos a EEUU para las vacaciones de verano y cada año me tardo un poquito en re-ubicarme en nuestra vida "normal". Siempre siento una pequeña sorpresa cuando mi reciente realidad china queda en conflicto con la realidad presente.

Algunos ejemplos:

  • cuando recuerdo que puedo conectarme a esta bitácora, a CNN, Twitter y Facebook sin censores ni restricciones
  • el instante en que no entiendo porque se detienen los carros al verme querer cruzar la calle (en realidad esa sorpresa viene conmigo desde Venezuela)
  • cuando levanto la vista al cielo y es azul con nubes blancas gordotas y no una gruesa manta gris
  • la primera vez después de llegar qué comemos en un restaurante y tenemos que calcular propina (en China no se deja nada)
  • justo después de que se termina una canción en la radio y el locutor habla en inglés (y no en español porque ese sobresalto es otro que traigo desde Venezuela)
  • cuando tomo un Kleenex y es suavecito
  • cuando no tengo que calcular la hora para llamar a mi familia, seguido inmediatamente por la realización de que mi teléfono es chino y no lo puedo usar para llamar 
  • cuando me doy cuenta de que no estoy escribiendo las entradas en la medianoche de mis lectores y que no tengo que esperar hasta el día siguiente para ver las reacciones y comentarios

Ya tengo dos amaneceres desde que llegamos y ya pronto se pasarán las mini-sorpresas. Me pregunto como serán en agosto cuando lleguemos a Egipto y no a China. ¿Qué me sorprenderá entonces?


Actualización a las 9 a.m. Otra sorpresita - la gran cantidad de cambios que tengo que hacer en mis perfiles electrónicos, como por ejemplo, las instrucciones que aparecen cuando mis lectores quieren dejarme comentarios. 


Aquí la ventana del avión al final de un viaje muy largo y mi primer amanecer en casa de mi suegra. Es mi segundo paisaje favorito del verano. el primer lugar lo ocupa la playa en Cape Cod donde trabaja mi marido. Ese lo vemos en una semana.

Esta la tomé con mi teléfono.

Esta la tomé con el iPad que me gané en un sorteo y que me mandaron a casa de mi suegra.  

viernes, 13 de junio de 2014

Se me acaban los días chinos

Hoy fue el último día el colegio. Es el décimotercer fin de curso, y el último. Mañana lo pasamos empacando y limpiando y el domingo volvemos a EEUU.

Estamos super ajetreados y sin tiempo, pero estoy tratando de desacelerar el paso aunque sea apenas marcándolo aquí, en mi bitácora que ha sido más que nada el anecdotario de mi vida china.

Dejaremos atrás a mucha gente querida. Nos quedaremos con muchos recuerdos y con el placer de haber formado parte, aunque minúscula, de la historia de la China moderna.

Aquí dando mi discurso de despedida frente al colegio, con mi marido y el director del colegio, y aquí el discurso en el blog de mi biblioteca, que me duele mucho dejar.


lunes, 21 de abril de 2014

¿Comer como cavernícola?

Hay una dieta nueva. La llaman la dieta paleolítica, o paleo, porque supuestamente con la dieta se come como se comían los cavernícolas en el Paleolítico: muchos vegetales, un poco de proteína animal y nada de alimentos procesados. Tampoco se comen cereales ni granos, porque la agricultura vino mas tarde en la historia de la raza humana.

Yo tengo tres años que no como trigo. Le tengo alergía al gluten, entre muchas otras cosas. La lista es larga y cambia constantemente. Los principales culpables son los huevos, los lácteos y la soya. Desafortunadamente, muchas de las recetas que encuentro que son sin gluten, lo sustituyen justamente con los alimentos de mi lista alérgica.

Ayer encontré una esperanza. Hay una variación de la dieta paleolítica llamada auto-inmune que también excluye los alimentos en mi lista. Se come muchos vegetales y carnes magras. No se come huevos, lácteos, cereales, ni granos. También excluye las papas y los pimentones. Aunque no es siempre, a mí a veces me caen mal las papas, como por ejemplo en la cena de hoy, o sea que algo de verdad tendrá la dieta.

Los que recomiendan la dieta dicen que ellos también sufrían de lo mismo que yo, aunque con una severidad que yo espero nunca tener que vivir, y que la dieta los ha ayudado mucho. Dicen que ahora tienen muchas mas energía, menos dolores, y se sienten mucho mejor. Ya veremos como me va.

Mientras que experimento, ésta bitácora se va a llenar de recetas, avisado.

Si les interesa el tema, aquí dos sitios donde tienen muchas información al respecto en español.




"Espaguetis" con salsa de tomate. Los espaguetis son tiras de calabacín. Se vé bonito pero me salieron aguados. Habrá que practicar.  

domingo, 13 de abril de 2014

Perro prestado

Hoy domingo termina nuestra vacación de abril, una semana que coincide con la fiesta china Qing Ming, en la cual se honra a los ancestros. No tenemos Semana Santa de feriado pero no importa porque siempre nos toca ésta semana para recargar las pilas antes del último pedazo del año.

Scott aprovechó ésta semana para regresar a Kuala Lumpur y terminar su tratamiento en la pierna. Le sacaron la férula y los tornillos que le pusieron hace dos años. Los niños y yo nos quedamos aquí, y teníamos pensado viajar a Yangshou de nuevo, pero entonces una amiga me pidió que le cuidara a su perro, Enzo, mientras que ellos viajaban a Myanmar. Como Andreína se enloquece por los animales y nos había pedido perro desde que aprendió a hablar, dije que sí. 



Enzo es cachorro de labrador. Es bellísimo y afectuoso. Lo he disfrutado muchísimo, sobre todo sabiendo que mañana se lo regreso a sus dueños. Cuando le dije a Andreína que tendríamos perro prestado, se puso contentísima. De hecho, estaba a punto de empezar a pelear con el hermano por alguna bobada que él hizo y cambió de inmediato la cara. Bastante cómico, en realidad.

Nosotros nos habíamos opuesto a tener perro porque viajamos mucho. Los tres meses del verano que pasamos en EEUU, cualquier mascota tendría que pasarlos sola, a merced de la ayee. Además, yo sabía que después de que se les pasara la emoción como a las dos semanas, a la mascota tendría que cuidarla yo. Los niños se harían los locos, Scott estaría de viaje por sus innumerables campeonatos y torneos deportivos, y la boba de yo estaría limpiando y paseando y cuidando.

Y así fue con Enzo. A mí me pareció originalmente un negocio muy bueno: perro prestado para ver como nos iba. Les dije a los niños que estaban a prueba y que si se comportaban a la medida podríamos tener perro en Egipto. Pues no. No habrá perro en Egipto. Quedó clarísimo.

A Andreína le duró la infatuación con el perro apenas 12 horas. Jugando la primera tarde, Enzo la mordió. Un mordisco juguetón, pero con sus dienticos afilados de cachorro, y a ella le dolió. Creo que sobre todo le dolió la pérdida de la ilusión. En ninguno de sus libros o las películas donde un/a niño/a como ella sueña con tener perro y luego lo logra por alguna circunvalación Hollywood-esca había habido problema tan innoble como ésta. Ella juraba que sería amor a primera vista y música acaramelada la semana completa, pero los colmillos infantiles de Enzo acabaron con la ilusión.

La mañana siguiente había que sacar a pasear al perro a caminar por primera vez. La ví como se preparaba mentalmente, diciéndose: "Okey. Ayer fue un fallo pero hoy sí vamos a obtener esa unión perfecta entre can y humano. Salgamos a caminar." Desgraciadamente, otra vez la ilusión espichada. Enzo es perro y cachorro además. Se para a oler cuanta matica, piedrita, o basurita encuentra por ahí, y una vez que descubrió a los gatos callejeros, se convirtieron en obsesión perruna. Cuando los huele arrastra a quien traiga para perseguirlos. Andreína es flaquita y no pudo con los tirones.

Al regresarse después de semerenda caída arrastrada por el perro, se les atravesó el perro del vecino. A mi nunca me ha gustado ese perro. Lo dejan salir solo en la mañana y el bicho anda por todo el vecindario dejando la marca. Enzo, muy amistoso, fue a presentársele al nuevo amigo, y ese, ocupado en lo suyo, marcó a Andreína con un largo chorro de orín. ¡Ay, niña para estar enojada con toda la especie! Hasta ahí llegó. Sí me ayudó a entretenerlo y alimentarlo, pero más nunca fue con aquella ilusión del principio.

A partir de esa primera mañana me levanté yo sola con el perro. El se despierta a las 5 y media, y a esa hora quiere orinar, comer y caminar. Mañana me toca la última madrugada. Aparte de la dificultad inicial de dejar mi dulce camita, he disfrutado de nuestras caminatas. Estamos de primavera y todos  está floreado. Lo único malo es que las alergías las tengo alborotadísimas, pero me imagino que una vez que Enzo regrese a su familia, se me pasará lo peor. Entre las flores y el perro, pasé unos días sin poder respirar, pero me alegro haber disfrutado de ambos.

Enzo, te quiero. Te ganaste mi corazón con el primer lamido. Quisiera decir que me vas a hacer falta pero lo mejor que tienes es que perteneces a otra familia, y que nuestro amor ya será lindo recuerdo y no onerosa realidad.

miércoles, 5 de febrero de 2014

A galope

Afuera de un centro comercial. Sonar los tambores espanta a la mala suerte - ¡y es divertido!

Ya estamos en el sexto día del Año de Caballo. Los primeros cinco días se me escaparon al galope. Deben haber desaparecido en mis frecuentes siestas.

Tuvimos 16 días de vacaciones para el año nuevo chino. Normalmente nos dan nada más una semana pero como cayó a media semana, nos tocaron un par de días mas. ¡Muy agradecidos fueron!

El primer fin de semana como siempre, a esquiar. Tuvimos un clima perfecto, sin mucho viento y con temperaturas tolerables. Eso sí, la nieve congelada y me caí varias veces. Tenía 8 años que no me caía. No me pasó mucho. Lo peor fue la vez que me dí golpe en el codo. Todavía tengo el morado, pero sobre todo, el mayor golpe fue a la confianza.

El resto de las vacaciones la pasamos en casa, intentando practicar el arte de no hacer nada. Adelanté un poco la mudanza, haciendo limpieza en los closets de mis hijos y el mío.

En el cuarto de Andreína pasamos un día entero. Si tenía dudas de que la consentimos, tenemos 8 cajas de evidencia: cuatro de pura ropa que no le queda y cuatro de juguetes con que ya no juega. (Y si somos sinceros, con esos juguetes jugó un par de horas y después los olvidó.)

Ahora el reto grande es ayudar a Scott a organizarse. El tiene zapatos y franelas que lleva cargando de casa en casa desde que salió de EEUU hace 20 años. Ya ha botado cuatro bolsas de ropa, pero yo le veo el closet igual de lleno. Me dijo que va a enviar un lote a Egipto y que lo demás lo va a usar aquí hasta que nos vayamos. Entonces lo va a dejar botado aquí, y después en EEUU compra ropa nueva. ¡¿Qué?! Con lo cuidadoso que es para gastar. No se lo creo. Ya me veo cargando con las mismas mil franelas y cachuchas de béisbol hasta que nos jubilemos.

Me voy a tardar en montar la próxima entrada. Estoy en el último curso de la maestría. !!!Yupi!!! La mudanza también me va a robar tiempo. Aunque no es hasta junio, tenemos que mandar el flete en marzo para que llegue a tiempo. Hasta mas tarde.

Que el año del caballo a ustedes les traiga un hipódromo entero de prosperidad y alegría.

martes, 24 de diciembre de 2013

Por fin camino a la playa

Como relaté en la entrada pasada, iba en camino a Ko Samui, una isla tailandesa, cuando tuve que quedarme en Singapur pues no tenía visa para Tailandia. Se me olvidó por completo que necesitaba una, y me tocó esperar del sábado hasta hoy martes para que me la dieran. Obviamente el domingo no trabajan y el mínimo que requieren para expedirla es dos días, así que mandé a mi marido y mis hijos a la isla y me quedé esperando.

Como es época de Navidad, el sábado no me podían garantizar asiento en el vuelo de hoy y a la angustia de la visa se unió la incertidumbre por la fecha de salida. Me dieron ticket para el 25 en la noche, pero igual me vine directo de la embajada con mi visa nuevecita. El Niño Jesús se apiadó de mí y me dió el hermoso regalo de poder ir hoy a reunirme con mi familia. Casi como una película de Navidad. 

Si se van a quedar accidentados en alguna parte, accidéntense en Singapur. Me encantó la ciudad. Ya la conocía un poco por haber pasado por aquí en otras ocasiones camino a otros lares, pero ésta vez pude recorrer los lugares menos obvios. 

Me quedé en un hotelito en la sección india de la ciudad. Al principio lo ví con malos ojos - tal vez por el despecho - pero en realidad, la habitación estuvo limpia y la cama muy cómoda. El hotel no ofrece desayuno ni tampoco piscina o gimnasio, pero está en el centro de Little India y me encantó el ambiente. 

Tomé muchas fotos malosas que no voy a montar, excepto por éstas dos. La primera es temprano en la mañana en una de las avenidas de Little India porque me encantan los colores. La otra es un mercado de souvenirs. Si se fijan bien, el dios elefante hindú está al lado de un buda chino y probablemente por ahí hay un ídolo malayo también. Esa convivencia es emblemática de los singaleses.




Ahora pronto me reuniré con mi familia y podré celebrar la Navidad de verdad verdad. ¡Felices fiestas a todos!