Ayer murió la Señora Lourdes, en España, lejos de su amado Avila. Ella fue la mamá de mi hermana del alma, Lidia, y una mujer feroz e independiente. A mí siempre me trató con mucho cariño. Entre otros consentimientos estaba su crema de calabacines, mi favorita.
Lourdes era excelente cocinera y queriendo preservar su gastronomía, hace un par de años se me ocurrió anotar sus recetas. Acordamos hacerlo todo por Zoom: ella me daba la lista de ingredientes de un plato - el primero por supuesto la crema de calabacines - y hacía la receta en España mientras que yo en EEUU anotaba las cantidades y el procedimiento. Una semana después, yo hacía la receta en EEUU y ella desde España ofrecía críticas constructivas. Esa crema de calabacines la hice anoche en su nombre. Quedó casi tan rica como si la hubiese hecho ella.
| Captura de pantalla de mi recetario digital |
De Lourdes me quedan muchos recuerdos de mi juventud en casa de Lidia. Ella y Coronado siempre juntos. Siempre me hicieron sentirme como en mi casa. En España tuve la oportunidad de verla dos veces. En la primera me tocó comer su comida deliciosa. Ya para la segunda encuentro en Madrid en junio, ni su cremita, pero si su compañía con la comida de otros.
A su hija Lidia, Lourdes le dejó su fuerza y su ferocidad. Y gracias a esas sesiones culinarias por Zoom, yo también heredé tres recetas: la crema de calabacines, caraotas, pollo desmechado. Quedó pendiente la receta de los bollitos. Cuando cocino cualquiera de esas recetas, me transporto por un momento a la cocina de la Quinta Jemalo en Los Dos Caminos, allá cuando como decía ella "cuando eramos felices cual lombrices."
QEPD.



