lunes, 19 de enero de 2015

Esquiamos de verdad


Los que tienen tiempo leyéndome saben que los Fitzgerald Crespo somos fanáticos del esquí. Yo aprendí a esquiar en Italia, durante mi luna de miel, pero no fue hasta que pasaron 11 años que aprendí a disfrutarlo. Eso lo aprendí en China, en el resort Wanlong, 7 horas al norte de Beijing.

Esquiar en China es buenísimo, por lo menos en Wan Long. No neva mucho sino hasta marzo, por lo que el resort cubre las pistas con nieve artificial. El que no esquía, no sabe que la nieve artificial es un regalo. La nieve natural es poco uniforme. Cae a diferentes temperaturas y cubre superficies irregularmente. La nieve artificial es uniforme y en Wanlong, las temperatures son siempre constantemente bajas. No hay deshielo y re-congelamiento como en otras partes.  Wanlong tiene un ejército de maquinas niveladoras que suben por las pistas toda la noche para que en la mañana estén listas para esquiar de nuevo. Como para completar el paraíso, no hay mucha gente y las pistas nunca terminan todas marcadas por los pasos de miles de esquiadores.

En la vida real, la nieve casi nunca queda perfectamente nivelada ni tampoco hay la visibilidad perfecta de Wanlong. Hay una gran diferencia entre las condiciones de la mañana a la tarde, y hay que compartir las pistas con mucha gente. Así nos tocó en Austria éstas vacaciones y a veces nos hizo falta nuestro resort privado -- pero sólo a veces. Aunque sí tuvimos que compartir con un gentío, la temperatura nunca bajó de -10 grados, los vientos nunca fueron huracanados y los paisajes fueron sin igual. Para allá volvemos.


Las fotos del teléfono y sin editar, pero igual el paisaje muy lindo.


miércoles, 7 de enero de 2015

Viena empieza con p

Mi papá dice que las ciudades más bellas de Europa todas empiezan con la letra p: París, Praga y San Petersburgo. Si a San Petersburgo le perdona la s inicial, a Viena fácilmente la rebautizaria Piena porque es una ciudad espectacularmente hermosa. 

Pasamos cinco días embelesados en la ciudad. Nos quedamos en casa de un amigo que tiene la gran fortuna de trabajar allá y su apartamento queda dentro del casco histórico así que hasta la panadería de la esquina esta en un edificio magnifico. 


La catedral Votiva al final de la calle. Por aquí pasamos todos los días cuando salíamos a pasear. 


Este castillo de fantasía es la alcaldía, el Rathaus. De noche se pinta de luces y es hasta mas hermoso. 


Estatuas alegóricas por todas partes. Aquí Palas Atenea frente al Palacio de Justicia. 


En frente del museo de historia natural tenían un mercado de Navidad, lleno de tarantines vendiendo manualidades y artesanías bellísimas. Mejor ir de noche a pesar del frío, por lo bonito que se ven las luces y por la excusa de tomar gluwein, vino caliente aromatizado con naranjas y especias. 


La fachada del museo de historia natural. Mi pieza favorita fue la Venus de Dusseldorf. Me hubiese gustado también visitar el museo de arte que queda enfrente, pero mis hijos y mi marido se rebelaron. 


Llegando al apartamento por la otra esquina, otra belleza. 

Quedamos encantados. Para acá volvemos. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

Turisteando

El fin de semana pasado salí a pasear de turista. Tuvimos un autor de libros infantiles en el colegio la semana anterior y a mí me tocó entretenerlo el último día de su visita. Contratamos a un guía y un chofer y salimos a pasear.

Fue una mañana faraónica y cópta. La fase faraónica fue visitando las pirámides. Comenzamos con la pirámide de Saqqara, que fue el primer intento de fabricar una estructura piramidal. Es escalonada como las pirámides centroamericanas. Según el guía, Saqqara fue la primera pirámide y mas bien un experimento.

El camello es para los turistas, por supuesto, pero sale bien en las fotos. ¿Ven los andamios? También los hay del lado derecho. No sé que pretenden hacer con ellos. No es que van a poder restaurar los ladrillos milenarios. Se están disolviendo con la contaminación. 

Después de Saqqara fuimos a la pirámide de Teti, un funcionario faraónico que vivió hace 4000 años. Ese montón de tierra es su pirámide. Descendimos a su tumba, y redescubrí mi claustrofobia. Lo mejor de ver la tumba fué poder subir a la superficie. 



En la tumba de Tetti hay muchos hieroglifos hermosos y en excelente condición. 




 Para completar nuestro tour faraónico, visitamos la Gran Pirámide y a la Esfinge por supuesto, pero no eramos los únicos.




Vimos muchos muchos turistas, y la mayoría de ellos eran egipcios. El turismo internacional ha bajado muchísimo y las proyecciones no son muy alentadoras. Mientras tanto, los egipcios disfrutan de su país y sus bellezas. 

La segunda fase de la mañana fue a visitar al Cairo cristiano, pero eso es cuento para otro día. 

Más fotos de la mañana en mi cuenta flickr. 




sábado, 22 de noviembre de 2014

En Niza

Estoy escribiendo desde Niza, en un apartamentico pequeño en el histórico Hotel Negresco. La propietaria nos asegura que el Hotel Negresco aparece en todos las postales de Niza. Como es la primera vez que venimos a Niza y como nunca hemos recibido una postal desde aquí, la dejamos alardearse.

Niza es una ciudad espectacular. Nos captivó desde el primer momento en que vimos el mar, la ciudad, la colina y el cielo azul. (Pasamos 13 años en China y llevamos 4 meses en el Cairo. Un cielo azul nos mata.)


Vinimos con mi marido que tenía una reunión aquí. Andreína y yo nos vinimos en el equipaje. Dejamos a Michaelito en el Cairo en casa de unos amigos. El no pudo venir para no pasarse del máximo de días de ausencia que le permite el colegio. 

Quedamos encantados con los callejones de la ciudad vieja, 


con las iglesias, 


con la bahía, 


con el mercado de flores y vegetales, 

Aquí no se ve el mercado en sí porque los vendedores se ponen muy necios cuando los fotografían, pero igual bello el vecindario en la mañana. 

con los techos rojos, 


con la arquitectura.

Aquí vivió Matisse. Es un edificio privado y no se puede visitar, pero igual muy hermoso y cuidado. 

Niza es una ciudad que se deleita con su propia belleza y se lo perdonamos, porque se merece todos los piropos y muchos más. 

La reunión de Scott fue ayer y en la mañana Andreína y yo paseamos por el bulevar comercial. Compré un par de botas que al final no me gustaron, y Andreína se quejó de lo lindo porque no quería caminar sino para el hotel donde se podía conectar al Internet. 

Hoy la dejamos enchufada y nos fuimos a pasear en bicicleta. Niza es una de esas ciudades donde hay bicicletas municipales y Scott y yo montamos felicísimos de un lado del malecón al otro. Terminamos del lado del puerto, posando en frente de unos barcos coloridos, igualitos a los de la postal que nunca recibimos pero que ahora llevamos para siempre en la lista de nuestros lugares favoritos. 





domingo, 9 de noviembre de 2014

Hora de hervido

Las temperaturas están bajando en Egipto. Todos se quejan del frío. Cualquiera pensaría que estamos en Antártida de tanto que se quejan. Me imagino que en un año a mí también se me habrá diluido la sangre y estaré titiritando en octubre, pero por los momentos lo que me da es asombro que ya sientan frío cuando yo finalmente encuentro el clima agradable.

Con el "frio" me ha provocado mucho tomar sopa. El fin de semana pasado nos invitaron a una fiesta de Halloween y nos ofrecieron chili con carne. Por supuesto yo no lo pude probar (le tengo alergia al tomate) por lo que se me despertó el apetito por las sopas, los caldos, sancochos y demás platos que se comen con cuchara.

Me gusta hacer hervido. Me gusta sacar mi recetario de Scannone que compré hace 20 años en la librería del CCCT. Me gusta preparar el caldo primero, colarlo, lavar la olla y volverla a montar con el caldo y las verduras. Me gusta que se tarda horas en preparar. Me gusta ajustar la receta para localizarla. En China usaba ocumo y otras raíces que no sé como se llaman en chino, inglés o español pero que seleccionaba en el mercado apuntando con el dedo. Me gusta hacer el sofrito, ahora sin tomate y sin pimentón, pero igual con sabor. Me gusta agregarle el cilantro y la yerba buena al final. Me gusta ese primer sorbo, cuando se me llena la boca de caldo y la nariz de vapor. ¿Ven? Me gusto todo.


Recuerdo con nostalgia los mercados de vegetales en China, donde hay tantas variedades de tantas cosas. Una de mis vendedoras favoritas separaba las hojas de espinaca en pequeñas, medianas, grandes, más grandes y gigantes. Y eso era nada más la espinaca. Ni hablar de todas las variedades de col que nunca aprendí a nombrar. Aquí hay lechuga, repollo, y espinaca. Un montoncito de cada una y ya.



Con la escasez de verduras, mi hervido tuvo nabo, zanahoria, auyama y batata. Me dicen que habrá yuca cuando llegue el invierno. (Que me imagino empezará cuando baje la temperatura 3 grados más.) No puedo comer papas, y el hervido me quedó un poco dulce. Para corregirlo, le puse un chorrito de limón y un poco más sal de la que normalmente le agrego. Me lo comí de desayuno frente a la ventana para sentir el fresco de la mañana y hacerme la idea que de verdad viene invierno y la temporada de hervido.