martes, 28 de octubre de 2014

Choque cultural

El choque cultural es el proceso de adaptación que uno atraviesa al encontrarse en un nuevo entorno social, especialmente al mudarse de un país a otro.

Hay cuatro etapas del choque cultural (culture shock).

La primera es la luna de miel, cuando todo es maravilloso y nuevo y bonito. Esa etapa ya la pasamos. Se evaporó en el calorón de agosto, el mosquero increíble y los problemas interminables de Internet (que siguen sin resolver por completo todavía.)

La segunda etapa es una de negociación. Ahora las diferencias entre la situación nueva y la anterior son más aparentes, y ya no son causa de deleite. Uno desea regresar a casa. En mi caso, regreso a casa significa regreso a China, a mi maxi biblioteca, a donde me sé manejar, donde puedo hablar el idioma, aunque sea machacado, y hacerme entender. Nos hace falta la ayee, nuestro apartamento, las tiendas, los amigos y colegas, ¡hasta el chofer!

La tercera etapa es una de ajuste. En ésta etapa uno se va asimilando a la nueva cultura, ya uno tiene rutinas establecidas y un círculo de amistades. Sabes donde ir a comprar pan y a quien pedir ayuda. Según 2Vancouver, un bufete de abogados de inmigración en Canadá, en ésta etapa uno comienza a "asumir los hábitos y odios" de la gente del nuevo lugar. Esa etapa ocurre después de los primeros seis meses. Todavía no llego a esa etapa.

La última etapa es la etapa del dominio. Uno ya sabe manejarse, entiende, habla, y en fín, uno se siente en casa en el nuevo lugar. Llegar a ésta etapa puede tardar varios años y es posible que uno nunca se asimile por completo. Ahí estábamos en China, pero si volvieramos ahora, probablemente tendríamos que pasar por ésto otra vez, comparando la nueva vida en China con la que acabamos de dejar. Mejor quedarnos en Egipto por los momentos. (¿Será que ya estoy entrando en la etapa de la negociación?)

Encontré un artículo interesante sobre el culture shock en un excelente blog para expatriados e inmigrantes. En este artículo, el autor señala que la gente no pasa por las cuatro etapas en una línea directa como podría sugerir el modelo. De hecho, creo que si yo fuese a dibujar la trayectoria de mi culture shock, mi línea terminaría siendo un espiral. En este momento el espiral anda en bajada, pero quien sabe, tal vez en el futuro - ojalá no muy lejano - la espiral apunte hacia arriba.
Ver la versión original de éste perfil en el blog de su autora, Allison McCue

Adaptado de un perfil por Allison McCue, publicado en ourlifeinaarhus.wordpress.org.


Aclaratoria: No tengo calificación alguna en psicología. Este perfil refleja solamente mis sentimientos de nostalgia y desplazamiento en éstos momentos, a los tres meses de mudarnos a Egipto tras 13 años en China. El perfil que comparto es más garabato que modelo de asimilación, pero así es como me siento.



jueves, 9 de octubre de 2014

Mejor que sea Jacques Costeau

Aprendí a bucear hace 18 años, cuando vivimos la primera vez en Egipto. Hasta el momento de la verdad todo me fue bien. Las prácticas en la piscina, la teoría con las tablas de profundidad, toda la parafernalia, chévere. Todo bien hasta que nos sumergimos de verdad.

Nos fuimos a bucear en barco. El curso incluía dos días y una noche en un barco sobre el Mar Rojo. Navegar hasta el sitio donde anclamos fue bellísimo. Salimos del puerto con el canto del muezzin como despedida y luego pasamos dos días rodeados por el mar, bordeando los cerros del Sinai.

Todo iba bien hasta que en la última práctica me tocó quitarme la máscara para demostrar que podía vaciarla bajo el agua. Pues me dio pánico y tuve que subir a la superficie. El instructor no quedó muy impresionado, pero igual bajamos luego a ver un barco hundido de la II Guerra Mundial, el Thistlegorm. De haber sido yo la instructora, me hubiese dado cuenta de que yo sería pésima alumna, pero creo que al instructor le gustaba mucho bucear y no podía ni imaginarse mi incomodidad.

Muy interesante el barco, pero como nosotros éramos principiantes no pudimos bajar con los mas avanzados, y nos tocó verlo desde arriba. De lejos vimos tres peces gigantes y creímos que eran tiburones. El instructor después se rió de nosotros. ¡Eran atunes! Válgame que son grandes esos bichos No recuerdo mucho más de la buceada; yo lo que quería era salir de allí. Fue la última vez que fui a bucear. Ahora sé que para encuentros marinos, los prefiero por medio de un documental de Jacques Costeau.

Pues, adelantemos 18 años. A mi marido sí le gusta bucear y mi hijo está aprendiendo. Esta semana de vacaciones estamos en el Mar Rojo de nuevo para que ellos vayan a bucear. Andreína y yo nos quedamos en la orilla. Aquí el arrecife llega hasta la playa y podemos entrar con máscara y esnórquel. Hay mucho coral muerto, pero está en recuperación pues el resort obviamente se ha dado cuenta que cuidar el coral es también cuidar los dólares del turismo, o más bien, los euros porque aquí los que vienen son los europeos.

Tengo una bolsa impermeable para el teléfono y pensé que sería perfecta para tomar fotos de los peces y el coral, pero en primer lugar, hay muuuuuchos peces y no le tienen miedo a los humanos y se acercan demasiado, y en segundo lugar, son peces y se mueven rapidísimo. Casi todas las fotos me salieron movidas. Ahora le tengo aun más respeto a Jacques Costeau y los fotógrafos marinos.

En el cuadrado inferior de la derecha se ve la pierna de Andreína.  Le estaba tratando de tomar la foto, pero ni ella ni yo nos podíamos mantener inmóviles. El collage con PicMonkey.com







martes, 7 de octubre de 2014

La Fiesta del Cordero

Estamos de vacaciones. El sábado fue la Fiesta del Cordero, Eid al-Adha y nos tocó una semana completa, muy merecida.

La Fiesta del Cordero commemora la historia bíblica de Abraham y su hijo en Génesis 22. Dios le dijo a Abraham que para demostrar su obediencia tenía que sacrificar a su hijo, y Abraham tenía el cuchillo al cuello de su hijo cuando se le apareció un ángel a decirle que no era necesario, que Dios había visto que Abraham lo obedecería, y que era suficiente sacrificar su cordero. La diferencia entre la historia cristiana y la musulmana es en el nombre del hijo. La Biblia lo llama Isaac y el Korán lo llama Ismael.

Nunca me gustó esa historia. Siempre me pareció cruel, y ahora que soy mamá aun más. Me imagino la angustia de Abraham y la incomprensión de Isaac, aun después de ser perdonado. Aún así, no voy a rechazar una semana de vacaciones

Nos dicen que el día del sacrificio mejor no salir. Los corderos - y chivos, terneros y hasta camellos - son degollados en la calle y corre la sangre como un río. Yo recuerdo que hace 18 años cuando vivíamos aquí, los vecinos tenían los animales en sus balcones o atados en el garaje. Este año no los ví, pero tal vez es que vivimos entre más extranjeros.

Mi maestra de árabe me dijo que después de sacrificar el cordero, se separa la carne en tres partes, pero solo recuerdo dos de las partes: la parte para la casa y la parte para los pobres. (Tal vez la tercera parte es para el carnicero, no recuerdo.) El carnicero prepara la parte para los pobres en paquetes de a kilo o kilo y medio, y ella sale en persona a repartirlo. Le da carne al conserje de su edificio y a la señora que le limpia. Me dice que ella tiene una lista de gente pobre a quien le da carne, y que si le sobra, sale a buscar mendigos. Le pregunté si le da carne a la mezquita para que los religiosos ahí repartan o a alguna organización de caridad y me dijo que tal vez habrá gente que lo haga, pero que ella no conoce a nadie que lo despersonalice así.

La Fiesta del Cordero también es el último día del Hajj, la perenigración anual a Mecca. Los musulmanes deben viajar a Meca por lo menos una vez en su vida, y es mejor que sea en ésta época. Después de viajar a Meca tienen derecho de vestirse de blanco y agregarse el título de Hajji.

Mientras tanto, nosotros en una playa del Mar Rojo. En la foto al fondo se ven montañas como las que fueron testigo a la historia del sacrificio de Abraham e Isaac.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Un mes entero

El domingo fue primero de septiembre y se cumplió exactamente un mes de nuestra llegada a Egipto.

Hemos pasado el mes entero aclimatizándonos
  • al calor seco del desierto
  • al sol inclemente - no veremos llover hasta abril, y eso si Alá quiere
  • al nuevo colegio y la manera de hacer las cosas aquí
  • a la extrema lentitud del Internet
  • a los apagones diarios - la demanda por electricidad es mucho superior a la capacidad productiva de la industría eléctrica del país
  • a que mi hijo tiene 15 años y un círculo de amigos con el que sale sin nosotros
La venida a Egipto ha sido un regreso triunfal después de 18 años, por lo que hemos pasado el mes entero redescubriendo. Cada otro paso es un recuerdo y un ¡así era antes!
  • el lento pasar de la vida - aquí nadie se apura para nada, todo es bukra, inshala (mañana si Dios quiere)
  • los rincones de nuestra vida anterior
    • el restaurante chino donde era el único lugar donde cocinaban bien los vegetales
    • el puesto donde nos estacionábamos cuando llegábamos a la avenida principal
    • el mercado de frutas de esa misma esquina
    • el centro CSA, donde ofrecían clases de árabe, una mini-biblioteca y un gimnasio
    • el muelle donde se tomaban las falúas para navegar sobre el Nilo
    • la calle donde vivíamos, casi irreconocible por el verdor que la rodea
    • la estación del Metro, idéntica, como si estuviese atrapada en ámbar: los mismos escalones, las mismas taquillas, los mismos andenes y definitivamente los mismísimos vagones
  • la comida egipcia: el koshari, las sambusas, el shawarma, los dátiles (Scott los redescubre porque con mis alergías sólo puedo disfrutar de los dátiles)
  • la luz dorada que debe ser combinación de la refracción del aire contaminado y miles de años de arena polvorienta
  • el canto del muecín que nos despierta de madrugada y que despide el día cuando se esconde el sol
Hemos pasado el mes entero asombrados de todo lo que cabe dentro de éste primer mes.

P.D. Sin foto por la nombrada lentitud del Internet.

Actualización del 3 de septiembre. Ahora sí fotos, aunque malosas, porque estoy en el colegio  y aquí el Internet funciona mejor. Estos son dos rincones nuevos para nosotros, pero con el mismo aire lento que recordamos de hace 18 años.




domingo, 17 de agosto de 2014

Van tres sábados

Parece mentira, pero éste es mi tercer sábado en Egipto.

El primer sábado lo pasamos en el colegio en plena orientación. Habíamos llegado el viernes, con un grupo de como 20 maestros nuevos. Tuvimos que presentarnos al colegio en la mañana, pero se apiadaron de nosotros y solo nos tenían actividades hasta el mediodía. Regresamos a la casa, pero la vecina, que también trabaja en el colegio, ofreció llevarnos a conocer un poco el vecindario. Le agradezco mucho el sentimiento, pero en realidad, no se me pegó nada de lo que vimos esa tarde. Yo solamente veía mi cama.

El segundo sábado me fuí para IKEA con una amiga que antes trabajaba en mi colegio en China. Compré un montón de cosas y pasé la tarde desempacando y acomodando. Andreína pasó el viernes montando caballo con las hijas de una de la maestra de arte y el sábado fúrica porque no regresamos a pasar el sábado también.

Hoy tercer sábado regresé a IKEA y a un automercado grande con tremenda lista. Pude apegarme a la lista en el mercado, pero después de llevar la compra al autobús del colegio que nos trajo, dejé la lista cuando tomé rumbo a IKEA. O sea, ¡licencia para comprar! Andreína tuvo clase de equitación en la mañana y cuando regresó con su papá, él se tomó una siesta y ella se puso a armar las mueblecitos que compré en IKEA. Salió a su abuelo Daniel. Tiene muy buen sentido de donde van las cosas y como usar las herramientas. Ojalá siga así, porque yo de mi papá heredé la nariz y los estornudos.
Estas tres semanas se nos han ido a millón. Dios quiera que los siguientes sábados no se apresuren tanto en pasar.

(Sin foto por los momentos porque el Internet está muy lento.)