martes, 12 de julio de 2011

En Cape Cod hay una liga veraniega de beisból. Los jugadores son todos universitarios. Es una liga excelente y hay muchos "graduados" que juegan en las Grandes Ligas. Por ejemplo, Nomar Garciaparra es ex-alumno de la liga.

El equipo más cercano para nosotros es el de Orleans. (Donde jugó Garciaparra.) Hasta hace un par de años se llamaba los Cardenales de Orleans, pero la organización de las Grandes Ligas decidió que si querían usar ese nombre tendrían que pagar regalías y ahora el equipo son los pájaros de fuego, Firebirds. Más o menos cuando cambió el nombre, Scott anotó a Michael en la lista de espera para ser bat boy del equipo. Este año se cumplió el sueño de Scott y nos llamaron a preguntar si todavía estábamos interesados.

El más emocionado es Scott. Siempre quiso ser pelotero profesional pero la vida conspiró contra él y le negó la gloria en el campo de beisból, dándole en su lugar la gloria de tenernos a nosotros. A Michael le gusta. No es que le guuuuuusta, pero le gusta. Su parte favorita es pararse con el equipo al principio para cantar el himno nacional. Por cierto que cuando lo llevábamos al primer juego, a los 10 minutos de llegar al campo, Scott le explicó lo que tendría que hacer durante el himno nacional y ahí fue cuando nos dimos cuenta que el niño no se sabe el himno nacional de EEUU. Nos dió tiempo nada más de explicarle la letra y tararear la música, y ni modo, tendrá la temporada entera para aprenderlo bien. (Tampoco se sabe el himno nacional chino y el venezolano lo conoce solo como canción de cuna.)

Michael no conoce mucho el juego de beisból. El sabe que es el deporte favorito de su papá. Conoce las reglas porque en la primavera Scott ofreció una actividad extra-curricular después del colegio, justamente para que Michael aprendiera a jugar. En China vamos a juegos de pelota de la liga china profesional, pero los niños lo que hacen es jugar en las gradas y no lo prestan mucha atención al juego. Total es que menos mal que hay más de un bat boy en cada juego y que los jugadores lo ayudan también. ¿Quién sabe? Dentro de 10 años estará viendo un partido en televisión y podrá decir que aquel pelotero le enseño a distinguir aquella técnica.

Y yo, ¿qué pito toco aquí? Ser mamá pelotera: manejar por todo Cape Cod para llevarlo a los juegos, lavarle el uniforme, prepararle la merienda que comparte con el otro bat boy y la mitad del equipo, fotografiarlo y documentar en la bitácora, ah, y ¡enseñarle a cantar los himnos nacionales!